Diario de Valladolid

Los amos de casa se duplican en 10 años

La crisis incrementa de 9.000 a 18.000 el número de hombres dedicados a las labores del hogar / Castilla y León es la tercera con mayor incremento L Aún así hay once mujeres por cada hombre

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Publicado por
Mar Peláez

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De profesión... sus labores. Era tradición que esa expresión se conjugara en femenino, pero la crisis económica ‘carbonizó’ el empleo, ‘chamuscó’ los salarios, ‘planchó’ las condiciones laborales y ‘guisó’ un nuevo perfil de trabajador en masculino: el de amo de casa a tiempo completo.

Se trata de un nuevo rol que ha experimentado una dinámica creciente, en España y en Castilla y León, avivada a la lumbre de la situación laboral. Tanto es así que desde que la crisis comenzara a ‘aspirar’ las expectativas de muchos hogares hasta el fin de 2018, el número de amos de casa se ha duplicado en la Comunidad.

Es el caso de Paco Martín, de Javier Casado, y el de otros muchos. No fue por decisión voluntaria, sino por causas sobrevenidas. El mercado laboral los expulsó y, en lugar de preparar currículos y salir a la calle en busca de un empleo a cualquier precio, optaron por «la solución más pragmática»: encargarse de los quehaceres de la casa y del cuidado de los niños, mientras eran sus mujeres quienes suministraban el dinero familiar.

Según los datos que aporta la Encuesta de Población Activa correspondiente al último trimestre del año, el volumen de hombres inactivos dedicados a las tareas domésticas, a título principal, ha crecido desde los 9.100 que se contabilizan al cierre de 2007 a los 18.200 al finalizar 2018. El resultado es que la Comunidad sumó durante ese tiempo justo 9.100 nuevos ‘señores de su hogar’.

Castilla y León figura así como la tercera Comunidad de España, por detrás de Asturias y la Rioja, donde más crecieron en ese tiempo los hombres al frente de las tareas domésticas. Lo hizo muy por encima de ese 23,9% que anotó de media el conjunto del país en el mismo periodo.

Esta estadística ha ido fluctuando al mismo ritmo que latía el corazón de la crisis. Y es que la cifra de amos de casa tocó techo en 2013 en Castilla y León cuando 29.000 hombres aparecían en el listado como inactivos por labores del hogar. Llegaron a representar el 11,3% del total en la Comunidad.

Sin embargo, a medida que se fue ‘desatascando’ la situación económica, el peso de los varones ha ido decreciendo, aunque con notables vaivenes según se analice un trimestre u otro, para dar el salto al lado de los activos. Hoy ellos suponen el 8,1% del total de personas ‘esclavas’ de la lavadora, la plancha, la limpieza, las comidas... y de los biberones, las idas y venidas a la guardería o a la consulta del pediatra.

Por contra, la dinámica entre las mujeres se ha invertido en la Comunidad. A muchas de ellas la crisis las lanzó o +relanzó al mercado laboral para lograr el pan de la familia o un complemento a los maltrechos salarios. De ahí que de las 280.500 mujeres que se declaraban amas de casa en 2007, se haya pasado a 206.000 en la actualidad. El recorte es de 74.500, lo que traducido a porcentaje equivale a un 26% menos. Y la merma continúa en el tiempo.

El fenómeno de los amos de casa se mantiene, no obstante, como minoritario. Hay once mujeres al cargo de la casa por cada varón. Es la prueba de que a la hora de abandonar el trabajo para dedicarse a las tareas del hogar continúa primando que se mantenga en su puesto de trabajo el que resulte mejor remunerado. Y este, en la mayoría de los casos, suele ser el hombre. 4.700 euros distancia a ellos de ellas.

«NINGÚN DRAMA»

Ni a Paco ni a Javier le supuso «ningún drama» hacerse cargo de poner la lavadora, ir a la compra, fregar el suelo o preparar la comida; acudir al parque o al pediatra con sus hijos. El único fastidio fue, según explica Javier, haberse «quedado sin trabajo» y acostumbrarse a que en casa solo entrara un sueldo.

Del resto de tareas, como apostilla, «ninguna queja», más bien «satisfacción», aunque reconoce que si no se hubiese quedado en paro, jamás se habría planteado ponerse delante de las actividades domésticas como actividad principal.

«Ha sido muy gratificante, sobre todo porque tuve el privilegio de disfrutar de los primeros tres años de mi hijo como pocos», apostilla Paco, convencido de que invirtió sus horas en la mejor de las empresas: cuidar de su pequeño. «¿Quién lo iba a hacer, si no yo?», contesta, mientras añade: «Yo no tenía nada y mi mujer tenía un trabajo bien remunerado, que requería mucho tiempo y dedicación, debía estar localizable los siete días de la semana y las 24 horas del día».

El matrimonio hizo números y comprobó que contratar a una persona que se hiciera cargo del recién nacido supondría «lo comido por lo servido», así que optó por lo «más racional». Él se quedaría en casa, al menos hasta que el niño fuera al colegio.

Su decisión levantó alguna que otra reticencia y suspicacia por parte de la familia de su mujer. El estigma del amo del hogar, existe. «Me llegaron a preguntar que qué hacía todo el día en casa». E incluso llegó a percibir que su mujer, en otros círculos, también era cuestionada.

En cambio, la familia de Javier «lo entendió como algo normal», al igual que su grupo de amigos. «Si alguien me ha hecho sentir raro en ocasiones, ha sido una mujer», lamenta, mientras rememora algunas de las miradas que observaba en la fila del colegio de su hijo.

Después de haber pasado por esta experiencia, ambos valoran más el trabajo «invisible» y «desagradecido» de las amas de casa, y en especial el de sus madres. Por ello se suman a la corriente de los partidarios de que el trabajo en el hogar esté remunerado, aunque Javier lo ve «inviable». Eso sí, ninguno de ellos, durante los años que permanecieron lidiando con las tareas domésticas antes de regresar recientemente al mundo laboral, se atrevió a decir «soy amo de casa, ¿y qué?

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