Las universidades forman al doble de maestros de los que necesita la Comunidad
La CRUE alerta de que el carrera en Castilla y León «está a punto de colapsarse» / Es la autonomía con mayor excedente / Junta y decanos estudian qué hacer para que deje de ser un «trampolín» para la función pública
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Castilla y León forma al doble de maestros de Infantil y de Primaria de los que el mercado puede absorber. Por primera vez, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) alerta, en su último informe La universidad en cifras del curso 2016-2017, de la existencia de un «preocupante» desajuste entre el número de titulados en Magisterio y la necesidad real de escolarización de niños entre los 3 y los 12 años. Ocurre prácticamente en toda España, pero la situación se agudiza más si cabe en Castilla y León.
El estudio coloca a la Comunidad a la cabeza de España, con gran diferencia, en «excedente» de maestros que salen titulados de las Universidades en relación al número potencial de escolares a los que deberán formar.
Según sus cálculos, las cuatro universidades públicas de Castilla y León, además de la Católica de Ávila y la Pontificia de Salamanca, forman a un 187% más de futuros docentes de los que el sistema educativo precisa. Lo hace muy por encima incluso del conjunto de España que ya de por sí está sobredimensionado. El valor medio en el país se cifra en un 50,5%.
A Castilla y León le sigue La Rioja (un 174%), Extremadura (135%) o Aragón (124%). En el extremo opuesto hay únicamente dos autonomías en las que la oferta de plazas universitarias está por debajo de la demanda del sistema: Cataluña y Baleares, con déficit del 6,5% y 9,3%, respectivamente.
Hasta tal punto es «llamativa» la situación de Castilla y León que Juan Hernández Armenteros, profesor de Economía de la Universidad de Jaén y coautor del informe, llega a la conclusión de que «este perfil profesional está colapsado o lo estará en breve» si la Comunidad «no modifica los parámetros de acceso a esta titulación».
A su juicio, no es de recibo que la autonomía mantenga el número de plazas ofertadas pese a la bajada de la natalidad.
Por ello, recomienda a la Consejería de Educación y a los rectores de las distintas universidades castellanas y leonesas que «reflexionen» sobre los estudios de Magisterio y que se planteen recortar las plazas ofertadas y poner númerus clausus, «como ya se hizo en el área de salud».
«Yo no puedo conocer el número de ingenieros mecánicos de fluidos que se van a necesitar en un futuro a medio o largo plazo, pero sí puedo programar las necesidades de maestros porque tengo el cliente claramente definido, está vivo y conozco sus edades», sostiene Hernández Armenteros, para quien el primer paso debería consistir en abrir un periodo de reflexión y en realizar un análisis demográfico. Para este profesor, «a la Consejería le resultaría muy sencillo hacer ese estudio porque conoce perfectamente cuál es su mapa de escolarización».
Y eso es precisamente, a grandes rasgos, lo que ha tratado de hacer el estudio de la CRUE. Para saber cuántos alumnos potenciales habrá en un futuro inmediato y cuál será la necesidad docente, el informe cruza los datos de nacimientos registrados entre el periodo 2007-2017, según el INE, y los registros académicos de las titulaciones de maestro en las universidades públicas presenciales desde 2006 que posee el Ministerio de Educación.
Parte de que el número de bebés nacidos en la Comunidad ha caído de forma pronunciada durante esta década; aproximadamente un 23% en los últimos diez años, siendo el valor medio en ese periodo de 18.700 nacimientos. Siguiendo el argumento utilizado por el estudio, esos niños pasarán un periodo de formación de 13 años, entre Infantil, Primaria y Secundaria, por lo que las necesidades de escolarización en todo ese tiempo se cifran en un total de 244.000 alumnos.
Si este numero lo dividimos entre una media de 20 alumnos por unidad escolar, obtenemos que se requerirá la presencia de 12.200 profesores para impartirles clase. A esta cifra añade un 25% más de profesores para cubrir eventuales bajas temporales, por lo que la cifra resultante sería de algo más de 15.000 profesores.
En este punto, Hernández abre un paréntesis. Reconoce las particularidades de una comunidad tan extensa y dispersa como la castellana y leonesa, donde hay municipios que «rompen» con mucho esa media. «Hemos utilizado un modelo general para toda España, si bien sabemos que hay que matizarlo y ajustarlo a la realidad de cada autonomía», explica, al mismo tiempo que aclara que el objetivo del estudio es, sobre todo, «llamar la atención de una titulación con demanda excesiva para sus expectativas de empleo».
Hecha esta salvedad, manifiesta su convencimiento de que por mucha dispersión que haya o por muchas aulas con menos de 20 alumnos que existan, «la cantidad de maestros que se gradúan en Castilla y León es desproporcionada».
Analizadas las necesidades de escolarización de 3 a 12 años, el documento aborda entonces las matrículas de nuevo ingreso que se producen en las cuatro universidades públicas castellanas y leonesas (no contabiliza las dos privadas) en los grados de Educación Infantil y Primaria y los que al final consiguen el título.
Se matriculan al año en primero de carrera una media de 1.700 jóvenes, con una tasa de graduación del 70%. Eso supone incorporar anualmente una media de 1.200 maestros al mercado laboral. Teniendo en cuenta que la vida laboral de estos profesionales se sitúa alrededor de los 35 años, la capacidad docente «con origen en los centros universitarios públicos» se cifra en prácticamente 42.200 maestros.
Esto quiere decir que Castilla y León necesitará 15.000 maestros, pero formará, «de no modificarse los paramentos de acceso», a 42.000. ‘Sobrarían’, en base a los razonamientos expuestos por los autores del estudio, cerca de 27.000 profesores.
Salen de las facultades, por tanto, muchos más egresados de los que el mercado puede absorber, teniendo en cuenta además que la proyección que realiza el INE sobre el futuro de la natalidad alerta de que en Castilla y León continuará la caída sin freno de la demografía.
Nacerán en los próximos diez años un 15% menos que en la actualidad, y en 2032 calcula que verá la luz un 22% menos de bebés que en 2017. De no modificarse las tendencias actuales de demografía y de matrículas en la titulación de maestro, los futuros egresados «no podrán ejercitarse en el desempeño de la profesión para la que se han formado», concluye.
A esta dificultad añade que el estudio de magisterio «condiciona mucho su presencia geográfica». «Un ingeniero puede trabajar, aunque no conozca el idioma, en Alemania o en China; un maestro no, porque la lengua es fundamental para trasladar conocimientos a los alumnos».
A ojos de Hernández, hay «una variable sociológica» que explica el porqué en España esa excesiva producción de maestros no se está traduciendo, con tanta intensidad como en otros ámbitos, en una presión insoportable sobre el empleo. Y es que, según explica, el hecho de que «el 75% de los estudiantes de magisterio sean mujeres y que algunas de ellas al final decida no trabajar, hace que se suavice esa presión y nadie se plantee atajar ese problema de excedente».
«NO SOBRA NADIE»
La Consejería de Educación no comparte ni reconoce que exista un excedente de maestros. «No sobra nadie», sentencia la directora general de Universidades, Pilar Garcés. Y no sobran, según manifiesta, porque muchos de los alumnos matriculados en Educación Infantil o Primaria no lo estudian para convertirse en maestros, sino que utilizan estos estudios porque «les parecen más asequibles» como «trampolín para acceder posteriormente a la función pública».
«Lo que hay que replantearse, y en eso estamos, es en ver exactamente cómo enfocar estos estudios para que las personas que se matriculen sean verdaderamente por vocación», expone Garcés. De ahí que la Consejería creara un grupo de trabajo en noviembre de 2017, junto a los decanos, para mejorar el sistema educativo de Castilla y León y revisar el modelo de acceso a la profesión docente.
Están trabajando para determinar «qué características tiene que tener el profesor del siglo XXI, cómo debería ser la carrera para ser docente, que elementos faltan para formar al futuro profesor y cómo deberían ser las oposiciones», comenta la directora general, quien añade que se está analizando, entre profesores de la universidad y profesores que están en los centros actualmente, qué proyectos de innovación e investigación se pueden llevar a cabo. Las conclusiones: «a finales de año».