El paraíso del bisonte para ramonear
Castilla y León concentra seis de las diez reservas creadas en la última década para salvaguardar la especie. Limpian el bosque con su dieta a base de ramas y hierba y reactivan el turismo en pequeños pueblos amenazados –como el propio animal– por el peligro de extinción
Uno de los bisontes de la reserva de San Cebrián de Mudá.-sancebriandemuda
En la última década han surgido en España diez reservas dedicadas a la cría y reproducción del bisonte europeo y seis de ellas se encuentran en Castilla y León, donde ramonean 44 de los 60 ejemplares del país. ¿Aqué se debe esa concentración en esta Comunidad?
Varios factores confluyen en la respuesta. La primera explicación hay que buscarla en la propia idiosincrasia del territorio norte peninsular, morada natural de esta especie desde la prehistoria, como atestiguan las pinturas rupestres de Altamira y los restos hallados en numerosos yacimientos.En Atapuerca, sin ir más lejos, los huesos han permitido documentar la existencia de una tribu especializada en la caza de bisontes.
El clima, la alternancia de bosques, matorrales, hierba y agua hacen de Castilla y León el hábitat idóneo para esta especie. «La naturaleza es sabia y colocó a estos animales aquí por algo», asevera Fernando Morán, presidente de la Asociación de Conservación del Bisonte Europeo, dedicada a la recuperación de la especie, al indicar que si hace 10.000 años dejaron de habitar la Península es el resultado de la acción del hombre, no responde a factores evolutivos.
En el conjunto de Europa, el bisonte estuvo a punto de extinguirse hace un siglo. El último de los ejemplares que vivía en libertad murió en 1919 en Polonia, dejando entonces la especie reducida a doce animales en cautividad.
Desde entonces, los esfuerzos de varios países por revertir el fatal destino al que estaba abocada la especie han ido dando sus frutos. Y en la actualidad son casi 7.000 los animales contabilizados en el continente, todos ellos hijos de aquella docena de supervivientes polacos. En España, en la última década varios proyectos de distinta índole han contribuido con mayor o menor fortuna a la salvaguarda del mamífero terrestre más grande de Europa, cuyo peso ronda los mil kilos. Sólo tres iniciativas se han truncado por una gestión deficiente en Valencia, Cataluña y Asturias. En ningún caso ha sido por una mala adaptación del animal. La «memoria genética» de una especie que «vivió y evolucionó aquí» ha permitido una «adaptación inmediata» en todos los casos, indica Morán.
La decena de reservas existentes tienen ingresos por a la venta de entradas, aunque su compromiso con el territorio trasciende al negocio turístico. Eso les diferencia de los zoológicos clásicos, donde, por cierto, también pueden verse bisontes en ocho recintos españoles.
El concepto que ofrecen estos centros de cría no es el de un zoo. Avistar un bisonte es aquí una probabilidad, nunca una certeza, puesto que campan a sus anchas en grandes fincas. Y el visitante no acude a estos espacios únicamente para hacerse un selfie con el totémico rumiante. «No se trata tanto de ir a ver a un animal como de ir a ver un proyecto», puntualiza Fernando Morán al destacar que todos los promotores aportan su granito de arena a la misión de conservar una especie europea. Su sueño, que algún día «la sociedad española vea el bisonte como una especie más», «que cuando le preguntes a un niño por los animales que hay en un bosque enumere también el bisonte».
Safaris en todoterreno o a pie, en bici o en calesa, y un sinfín de actividades ofrecen al visitante la oportunidad de contemplar en semilibertad al ancestral animal en estos espacios donde el bisonte convive en armonía con otras especies habituales (corzos, ciervos, jabalíes)o excepcionales (caballos Przewalski y losinos o vacas de razas singulares).
Pionera en todo el país fue la reserva creada en San Cebrián de Muda, un pequeño municipio de la Montaña Palentina cuyo ayuntamiento impulsó en 2010 la creación de un centro de cría, el único creado por una entidad pública. Nació con el apoyo de fondos Miner y cada año salen de las arcas municipales 60.000 euros para el mantenimiento de la reserva, gestionada por la Asociación para el Desarrollo Local Sierra Corisa.
El proyecto pone en práctica el discurso conservacionista, generando biodiversidad desde la convicción de que el planeta es un «patrimonio común» cuya sostenibilidad está comprometida por la acción humana, explica el alcalde, Jesús González, impulsor del proyecto palentino.
Señala a la agricultura intensiva y a las prácticas que promueven las políticas agrarias comunes para explicar la degradación del medio ambiente. Por eso, su interés no se reduce a enseñar al visitante la silueta del mamífero, sino mostrar todo un modelo de gestión del territorio que persigue la recuperación de la biodiversidad.
«El bisonte debe estar en los territorios donde estuvo, como la Cordillera Cantábrica», sostiene el alcalde de San Cebrián, alertando del «riesgo» que supone la introducción de la especie en otras latitudes.
Su proyecto de «ecoturismo» en una finca habitada por caballos salvajes Przewalski y los autóctonos losinos mantiene tres empleos durante el invierno, cinco en verano. Trabajos directos. Porque los 7.000 visitantes que recalan en esta reserva estimulan también las estancias en alojamientos rurales y restaurantes. «Un pueblo subsiste con actividad económica», agrega el primer edil de San Cebrián, municipio de 170 habitantes repartidos en cinco núcleos de población.
Las seis reservas con bisontes en Castilla y León se encuentran en localidades pequeñas que sufren una imparable sangría demográfica ante la ausencia de alternativas laborales. Así, con la repoblación de la especie, estos proyectos están llamados a resucitar también territorios amenazados –como el propio animal– por el riesgo de extinción.
En 2013, en el municipio burgalés de Salgüero de Juarros, recreó el ecosistema del Paleolítico en una reserva. Dos años después, el Museo de Fauna Salvaje de Valdehuesa, en León, incorporó bisontes y hoy pueden contemplarse once ejemplares. También en Anciles, Riaño, la llegada de tres ejemplares puso la localidad en el mapa del bisonte español.
Los dos proyectos más recientes se ubican en la provincia de Segovia, donde en abril aterrizaron los últimos bisontes. Once animales viven en dos fincas situadas en los municipios de El Cubillo y Lastras de Cuéllar.
La primera se ha convertido en la más extensa de España, con 1.200 hectáreas, a las faldas de la Sierra de Guadarrama. Y en ella reside la esperanza de conseguir a medio plazo una manada numerosa. «En el mundo son muy escasas las manadas con una veintena de animales», indica Fernando Morán.
En diciembre llegaron dos ejemplares que se han «adaptado fenomenal y están superfelices», asevera Mónica Fortón, directora de Safari Ibérico Segovia, que explota las visitas turísticas. Hace unas semanas aterrizaron otros cuatro. En total, dos machos y cuatro hembras conviven ya en semilibertad junto a burros, gallos, corzos, jabalíes y liebres.
«La intención es ir trayendo más ejemplares en el futuro, por un lado, y que se reproduzcan, por otro, cosa que creemos, podría suceder ya este año;de hecho, puede que una de las hembras llegara ya preñada», explica Fortón.
La actividad principal de la finca es la cría de vacuno, tanto de hembras para la explotación cárnica como de toros bravos para el encaste Torrestrella, creado por Álvaro Domecq. También poseen una yeguada para la cría, doma y venta de caballos.
La apertura del safari turístico hace año y medio se planteó como un complemento a la explotación, que ahora incorpora un nuevo reclamo con los bisontes. Proyectan aumentar la promoción de las rutas, apostado por la educación ambiental entre los colegios y entre el público general, con especial énfasis en sus clientes potenciales de las provincias de Madrid y Valladolid. «Enriquecemos la zona;qué duda cabe, quien viene a ver los bisontes puede que haga noche en una casa rural o que se quede a comer», indica Fortón.
Fernando Morán ha probado en Alemania y Polonia la carne de bisonte. «Es fuera de serie», como una ternera pero con un sabor más intenso, cuenta. En España, siendo un animal tan escaso, el aprovechamiento cárnico es una realidad muy lejana, pero no descartable en el futuro, como tampoco lo es su caza. «Hemos conseguido que no se extinga, no tendría sentido que ahora se degradase con prácticas ganaderas o cinegéticas», sostiene.
De momento, pese a la incipiente repoblación, el riesgo sigue planeando sobre la especie por su alta consanguinidad. Siendo todos descendientes de los mismos doce ejemplares, los animales son muy sensibles a una enfermedad común. Precisamente, en la reserva palentina de San Cebrián de Mudá trabajan «en fase de pruebas» en añadir variabilidad genética a los ejemplares.
La Asociación de Conservación del Bisonte Europeo que dirige Fernando Morán es una filial del Centro de Conservación europeo, con presencia en doce países. Este veterinario asturiano lleva nueve años coordinando, asesorando y buscado los animales para la implantación de proyectos en un país donde la implicación de las administraciones públicas brilla por su ausencia. Aunque a nivel internacional sí figura en la lista roja de especies amenazadas, España no ha integrado al bisonte en su lista nacional de animales en peligro de extinción, lo que supone que no existan líneas de ayudas para estos proyectos, explica Morán.
Los ejemplares que hay en España han llegado en su mayoría de Polonia, el país que más esfuerzo y dinero destina a la recuperación del bisonte, pero también de Holanda, Alemania, Francia y Bélgica. Ante la falta de apoyo público en España, sostiene Morán, la repoblación está resultando más lenta con el actual modelo de iniciativas particulares. Pero al surgir de la demanda de los territorios, resulta «más segura». Ydestaca que está siendo «la primera historia de conservación sin conflicto social».
Con paso lento pero seguro, su objetivo es mantener el ritmo de repoblación. Quién sabe si en el futuro el bisonte podrá regresar a vivir en libertad, poblando y limpiando los bosques como ya sucede en países como Polonia.
El mejor ‘retén’ contra los incendios
Los urbanitas que se acercan a una reserva de bisontes alucinan al conocer que cada animal ingiere, cada día, 30 kilos de ramas, hierbas, helechos, troncos y matorral. El bisonte necesita lignina, sustancia que se encuentra en los árboles. Con esa dieta se convierte en un desbrozador natural del terreno. Y, en consecuencia, en el mejor aliado para prevenir incendios. «Si hoy hubiese un incendio en la finca, no se extendería», asevera Jesús González, alcalde de San Cebrián de Muda, al ensalzar la labor clareadora del mamífero. El animal asume la limpieza del monte, dejándolo preparado para el pasto de otros animales, apostilla Mónica Fortón, de la empresa Safari Ibérico Segovia.