Publicado por
Redacción de Valladolid
Valladolid

Creado:

Actualizado:

LA DECLARACIÓN institucional de apoyo a la celebración del VIII Centenario de la catedral de Burgos convocó la presencia en la tribuna de invitados de tres representantes de la fundación creada al efecto, entre los que se contaban el arzobispo y el alcalde de la ciudad, que se prepara con antelación para conmemorar los ocho siglos del inicio de las obras, en mayo de 1221. Apenas aguantaron el cuarto de hora de controversia burgalesa entre el portavoz socialista Luis Tudanca, limitado por la afonía, y el presidente Herrera, recién llegado del finde popular en Andalucía. Tudanca enunció el castigo de Rajoy a Castilla y León en su conato de presupuestos para 2018, que se presentan con más de medio año de retraso y pocas expectativas de éxito. Pero ni el alborozo centenario de su catedral, que abrió la sesión, ni el jugoso recuento de agravios y alivios presupuestarios que entretuvo a los intervinientes, lograron apartar el foco del matillano Enrique Álvarez Conde, tutor académico de la autoproclamada rubia de Madrid Cristina Cifuentes.

Ciertamente, era un rastro tan poderoso como el que sueltan los caracoles que bordean la vega del Esla en Matilla de Arzón, pueblo donde vio la luz el jurista del embuste en 1952. Un pueblo zamorano que fue leonés hasta la división provincial de 1833, desprendido del faro coyantino quizá por lo que había de venir. Un episodio siniestro que tuvo que competir enseguida con la sublime cagada del homenaje postal dedicado por Correos a León. Entre muchas cifras y un turbión de porcentajes, uno y otro asunto asomaron al pleno para bochorno generalizado de la concurrencia. El lamparón de Correos lo presentó en León con tanto descaro como ignorancia su director general conquense Javier Cuesta Nuin, un ingeniero de Caminos con experiencia previa en la empresa que trata de disimular su derrumbe abanderando iniciativas que encariñen a la gente con la imagen de los carteros. Unos sesenta y cinco mil peatones, aunque parezca inverosímil, si ponemos los ojos en el servicio prestado. Como si se tratara de exóticas desconocidas, cambió la catedral de León por la de Burgos.

Como Herrera venía del finde sevillano, cada vez que remataba su coloquio con uno de los portavoces opositores, dejaba abierto el micrófono, de manera que trascendía un estado de ánimo salpicado de reproches. Así ocurrió al concluir su réplica al portavoz de Podemos Pablo Fernández, quien optó en su turno por debatir la evolución del PIB autonómico durante este siglo veintiuno gobernado en exclusiva por Herrera. Como suele suceder con las intervenciones del portavoz de Podemos, su construcción bien argumentada, explorando filones que no son los obvios, acabó sacando de sus casillas al presidente, empeñado en condicionar el declive del PIB más reciente a la provisionalidad de una primera estimación, pendiente de ser revisada nueve meses después. En el debate, Pablo echó mano del maestro escocés Stevenson para recalcar, entre venablos porcentuales, que «las mentiras más crueles son las dichas en silencio». Y concluyó acercando los gráficos que sostienen su queja al escaño presidencial, rehusando eL intercambio con la nota del INE de 23 de marzo.

Cargando contenidos...