Diario de Valladolid

SOMOS CASTILLA Y LEÓN / JUAN CARLOS RICO, PRESIDENTE DE LA COOPERATIVA ACOR

«Tenemos que ser más proactivos y tomar ciertos riegos»

Juan Carlos Rico.-J.M. LOSTAU

Juan Carlos Rico.-J.M. LOSTAU

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M.C. / VALLADOLID
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Para el presidente de Acor, Carlos Rico, Castilla y León es un «mar de cereales», con todos los inconvenientes que ello conlleva, en un mercado globalizado. Un mar, afirma, que está «centrifugando» población, que se está yendo a otras zonas de España. Y lo dice alguien que vive en un pueblo, concretamente en la provincia de Valladolid, y es agricultor, además de representar a unas de las cooperativas ‘top ten’ en España, en términos de socios y facturación.

Rico tiene claro que la globalización trae competencia y marca la productividad, elementos que las empresas tienen muy en cuenta. En este caso, cree que es necesario ser «competitivos» y lograr unos diferenciales sin los que es difícil conjugar esa competitividad. «Se necesita una industria potente», afirmó convencido de la potencialidad de Castilla y León en esta materia.

Ante un contexto complejo, Rico abogó por alejarse de lo que puede ser una postura «cómoda», es decir, «buscar culpables». Por contra, está convencido de que «hay que aprender a ser más proactivos y tomar ciertos riesgos». Y es que, a su juicio, «somos más dados a buscar la excusa que un buen motivo».

El máximo responsable de Acor abogó ayer, en el Congreso organizado por ELMUNDODECASTILLAYLEÓN, por «perder el miedo al fracaso» para avanzar. Es decir, abrirse a nuevas oportunidades y situaciones que puedan surgir en los mercados.

En relación con el sector primario, del que Acor forma parte, Rico destacó la calidad de nuestra industria agroalimentaria y de sus productos, que se sitúan, dijo, en el «top mundial». Lamentó, eso sí, «cierta lentitud» en la toma de decisiones y la «falta de apoyo» a algunos proyectos que se van fuera y «ya no vuelven».

El presidente de la cooperativa regional se refirió, por otra parte, a la salida de los jóvenes fuera de la Comunidad. Un hecho que, en su opinión, no es negativo siempre que sea para aprender, el problema, manifestó, es «no poder volver». Algo que los sindicatos denunciaron está ocurriendo ahora ante la falta de oportunidades y la precariedad laboral.

Convencido de que la competitividad pasa por una mayor tecnología, optimización de los recursos y una mayor eficiencia, puso como ejemplo el esfuerzo de Acor, comprometido con el sector primario y sus agricultores. La cooperativa, que tiene a la remolacha como cultivo estrella y apuesta por la diversificación, ha invertido en su fábrica en modernización y eficiencia 172 millones de euros desde el año 2005.

Para Carlos Rico, es evidente que la agricultura fija población, como lo hace el regadío, por eso, dejó patente la necesidad de contar con infraestructuras básicas en los pueblos para evitar que la gente se vaya y luchar contra la despoblación.

En torno al futuro del cooperativismo fue claro: ese futuro tiene que ver con la estructura cooperativa. O lo que es lo mismo, bajo la premisa de que hablamos de una «empresa», el cooperativismo está obligado, según subrayó, a tener «más tamaño», más presencia y capacidad de oferta, con una gestión «profesional.

En este sentido, desde Acor creen que las cooperativas son en este momento «ejemplos claros» de «buena» gestión y compromiso con el medio rural.

Un camino en el que hacen falta planes, en opinión de Rico, «ambiciosos» para marcar el futuro, y centrar las inversiones, así como las líneas directrices.

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