La Audiencia Provincial de Soria condena a un hombre por abusar sexualmente de su hija durante 12 años
La joven sufre una sexualización traumática, baja autoestima y otras secuelas psicológicas derivadas de los abusos
La Audiencia Provincial de Soria condenó a J.P.Z a la pena de nueve años de cárcel por abusar sexualmente de su hija de forma reiterada durante 12 años, en concreto, desde que era tan sólo una niña (con cuatro años de edad) hasta que cumplió los 17.
La sala consideró probado, por el relato coherente de la víctima y sus familiares y por los informes de los peritos y psicólogos que atendieron a la joven, que su padre es el autor responsable de un delito continuado de abuso sexual, por lo que se le condena a indeminizarla con 60.000 euros y no podrá acercarse a su domicilio, trabajo o lugar de estudio durante 15 años. Además, deberá hacerse cargo de las costas procesales, incluidas las causadas a la acusación particular y se le inhabilita para el ejercicio de sufragio pasivo durante el tiempo de condena.
Para el tribunal el relato de la víctima resulta “plenamente creíble y verosímil” y, además, está refrendado por la periférica aportada y porque la víctima relató a varios familiares estos abusos de su padre, una vez que tomó conciencia de lo que suponía.
“También aparece corroborado su relato por el cuadro síntomas apreciados en la pericial psicológica forense, cuyas conclusiones son enteramente coincidentes con la valoración que al tribunal ha merecido la declaración de la víctima, a lo largo de tres largas horas de declaración plenaria”, explicó en la sentencia.
La defensa, por su parte, explicó que la víctima denunció a su progenitor con fines económicos, algo que, durante la celebración del juicio a puerta cerrada, no fue aceptado por los magistrados de la Audiencia.
Los psicólogos y peritos establecieron que la víctima sufre una sexualización traumática, que derivará en la dificultad para establecer relaciones de intimidad y para integrar las dimensiones afectivas y eróticas y pérdida de confianza que se centra no sólo en la relación con el supuesto agresor, sino generalizada a las relaciones con el resto de la familia (por no haber logrado librarla de estas experiencias), e incluso ampliarse a otras personas, especialmente en el contexto de las relaciones interpersonales.
También la chica se siente, según los psicólogos, estigmatizada y lo expresa en forma de culpa, vergüenza, pérdida de valor o baja autoestima. “Ha incorporado esta serie de connotaciones negativas a su autoimagen y ejerce una profunda influencia en su autoestima. Todo ello podría llevar a una identificación con otros niveles estigmatizados de la sociedad (drogadicción, prostitución). Por otro lado, el mantenimiento del secreto del abuso sexual ha podido reforzar la idea de ser diferente y, con ello, aumentar el sentimiento de estigmatización”, concluyó.