Últimos en natalidad, líderes en defunciones
Castilla y León registra uno de los saldos vegetativos más negativos, con 7.906 personas, una cuarta parte de la ‘sangría’ nacional /Segovia registra el mayor aumento de fallecimientos del país y Soria, la caída más acusada

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No por habitual deja de ser noticia la sangría poblacional en Castilla y León. Los últimos datos del Intituto Nacional de Estadística, publicados ayer, revelan una nueva merma demográfica durante el primer semestre del año como consecuencia de la brecha abierta entre nacimientos y defunciones, dos parámetros cuyas curvas se distancian un poco más cada ejercicio. La proporción sigue siendo preocupante:dos personas fallecen por cada bebé que viene al mundo en esta tierra. En concreto, 7.664 nacimientos frente a 15.370 muertes entre enero y junio de 2017.
Aunque los alumbramientos descendieron en todas las comunidades autónomas excepto en Melilla, Castilla y León registró el mayor batacazo del país, al recortar un 9,4% su cifra de nacimientos. En el conjunto nacional, la caída fue del 6,3% al pasar de los 200.255 a los 187.703 recién nacidos.
En cuanto a los decesos, la Comunidad registró uno de los aumentos más acentuados de España (un 7% más), un porcentaje sólo superado por La Rioja (7,1%), Aragón (9,3%) y la ciudad autónoma de Ceuta (11,3%). Los incrementos en este capítulo de defunciones fueron generalizados en todas las regiones con una subida del 4,5% en la media nacional al pasar de 210.300 a 219.835 muertes durante los primeros seis meses del año.
En consecuencia, Castilla y León volvió a anotarse uno de los saldos vegetativos (nacimientos menos defunciones) menos esperanzadores del país al mermar en 7.906 personas su lista poblacional entre enero y junio de 2017 (frente a las 6.131 que había ‘restado’ en el primer semestre del ejercicio previo).
Sólo tres comunidades (Madrid, Murcia y Baleares) lograron un saldo vegetativo positivo, así como Melilla y Ceuta. Pero sus incrementos no fueron suficientes para compensar los descensos generalizados en el resto del territorio. En el conjunto del país, en junio había 32.132 personas menos que un año antes, lo que significa que Castilla y León es responsable de una cuarta parte de la sangría nacional.
En el análisis provincial de los datos, tres territorios de Castilla y León registraron los mayores descensos de nacimientos de toda España. Se trata de Ávila (con un 13,8% menos de alumbramientos), Burgos (un 12,2% menos) y Valladolid (un 11,9% menos). A continuación se sitúa Teruel (-11,8%) y, tras ella, otra provincia castellano y leonesa: León, con un 11,4% menos.
Las otras cinco provincias se sitúan en la primera mitad de la tabla. Soria es la que mejor contuvo el descenso de nacimientos (-1,7%), seguida de Salamanca (-4,7%), Palencia (-5%), Zamora (-5,2%) y Segovia (-5,2%).
En cuanto a la comparativa de defunciones, las provincias castellanas y leonesas presentan una evolución más desigual. Segovia registra el mayor aumento de decesos (13,3%) no ya de Castilla y León, sino de todo el país. A continuación se sitúan Lérida y Ávila (ambas con un 11,9% más que durante el primer semestre del año pasado). También subió la cifra de fallecimientos en Salamanca (11% más), Valladolid (10,1%), León (7%), Palencia (5,5%) y Burgos (5,4%).
Destacado es el caso de Zamora y Soria, dos provincias pequeñas y afectadas por un acusado envejecimiento poblacional, donde la cifra de fallecimientos disminuyó durante el primer semestre del año. En concreto, en Zamora fallecieron 1.435 personas (un 1,2% menos que durante el mismo periodo del año pasado). Y en Soria, los 579 vecinos que pasaron a mejor vida suponen un descenso del 8,1%, la evolución más positiva de todas las provincias españolas según el INE.