La unidad de tumores oculares atiende a 1.126 pacientes en 10 años de referencia

Un tercio procedía de otras autonomías / El trabajo de este equipo multidisciplinar despunta por la escrupulosa ‘customización’ del tratamiento para cada paciente

-J.M. LOSTAU

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Esther Neila
Valladolid

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Ya eran un equipo puntero cuando en 2008 el Ministerio de Sanidad autorizó como referencia nacional la Unidad de Tumores Intraoculares del Clínico. Hoy, diez años después, se mantiene en la cresta gracias a un engrasadísimo engranaje, a la experiencia –siempre un grado– y a la implicación de un grupo multidisciplinar de oftalmólogos, oncólogos, radiofísicos, anatomopatólogos, radiólogos y enfermeros. «Somos como los matrimonios viejos, que se miran y ya se entienden», ilustra el oncólogo radioterápico Francisco López-Lara Martín, uno de los impulsores del proyecto.

Esa maestría ha permitido «perfeccionar» en la última década su técnica estrella, la llamada braquiterapia epiescleral, una radiación localizada que permite tratar tumores conservando el globo ocular. La escrupulosa «personalización» del tratamiento para cada paciente es lo que distingue a ésta de otras unidades de referencia nacional (hay dos más, en Santiago de Compostela y Barcelona), «una customización» que ha sido mejorada con los años, explica la oftalmóloga María Antonia Saornil Álvarez, el otro alma mater de la unidad vallisoletana.

La radiación se realiza mediante la colocación en el ojo de una pequeña placa, cuyotamaño medio es el de una moneda de diez céntimos, aunque se adapta a cada caso. Dentro de esta pieza, moldeada para ajustarse a la orografía de cada tumor, se insertan minúsculas semillas de yodo de distinta potencia, distribuidas en función de la localización específica del bulto y de la formación del ojo. Otra fuente radioactiva son los aplicadores de rutenio. También varía el tiempo que la placa permanece en el ojo, con una media de cinco días.

Los estudios demuestran que este diseño «a la carta» ha permitido reducir los efectos secundarios, puntualiza el radiofísico Jesús María de Frutos Baraja.

Esta técnica de radiación se aplica sobre tumores medianos, de entre 9 y 16 milímetros. Los más pequeños se supervisan antes de intervenir en busca de sospechas de «malignización», como si se tratara de «un lunar de la piel que hay que vigilar». Y en los de mayor tamaño, lo habitual es indicar la extracción del globo ocular.

La generalización de la braquiterapia ha permitió a numerosos pacientes conservar el ojo afectado. «Hasta los años 60 o 70, el único remedio era quitar el ojo;ahora, el 50 o 60% de los pacientes con melanoma lo conservan», explica Saornil Álvarez. Y muchos pacientes mantienen, incluso, la función visual útil, aunque es frecuente que disminuya.

Cuantitativamente, también la actividad ha mejorado en la última década. En 2009 fueron 85 los nuevos pacientes atendidos. El año pasado entraron 167. En total, en estos diez años han pasado por la consulta 1.126 personas distintas, atendidas y diagnosticadas. Casi un tercio procedía de otras autonomías, que es «lo que da sentido» a la unidad nacional.

Los estudios demuestran que la supervivencia libre de enfermedad es del 92% a los diez años. El melanoma, una enfermedad clasificada como ‘rara’, tiene una incidencia de entre 3 y 5 casos por millón de habitantes al año.

La autorización del Ministerio de Sanidad supuso un reconocimiento al trabajo iniciado en 1997, cuando se constituyó este equipo especializado, que en 2008 amplió su cobertura a todo el territorio del país como referencia estatal. Ésta es una de las cuatro unidades nacionales de Castilla y León:hay otra en el Clínico y en los hospitales de Burgos Salamanca.

Esta unidad sitúa a Valladolid en un punto destacado también del mapa médico internacional, al nivel de las mejores de cualquier otro país. De hecho, el centro asesora a colegas de otros equipos. «Dentro de poco van a venir de Singapur», comentan.

La satisfacción de los profesionales es equiparable a la de los propios pacientes. Lo demuestran los bombones, piezas de ganchilo o emotivos dibujos que dejan como muestra de agradecimiento. Y también la encuesta de satisfacción que responden, incluida en la auditoría de la acreditación de la ISO 9001-2015. Los pacientes valoran con sobresalientes la atención recibida, un apartado donde despunta la calidad profesional y humana de los médicos y del equipo de enfermería oncológica. La nota baja al notable sólo cuando valoran la comodidad y el estado de las instalaciones hospitalarias del Clínico.

La segunda generación «se debe preservar»

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La satisfacción de los impulsores de este equipo reside en los resultados obtenidos. Y, mirando al futuro, también en el legado profesional que han construido. En estos diez años han ‘fabricado’ una segunda generación de expertos especialistas en el tratamiento y diagnóstico de tumores intraoculares, una pléyade de ilusionados treintañeros que «garantiza la continuidad» de la unidad. Al menos, «si no salen disparados» con la convocatoria de un concurso de traslados, alerta María Antonia Saornil Álvarez, advirtiendo de un «peligro» que afecta a todos los campos sanitarios. La formación de los profesionales expertos «no se improvisa», recuerda. Los resultados son «fruto de la experiencia, que es lo que se debe preservar». En la fotografía, de izquierda a derecha, Jesús María de Frutos Baraja, Ciro García Álvarez, Pilar Alonso Martínez, María Antonia Saornil Álvarez, Francisco López-Lara Martín y Patricia Diezhandino, que, junto a David de Miguel, componen el equipo nuclear.