El alcalde más casamentero
Óscar Puente celebra ocho enlaces en la misma mañana y llega hasta las 112 desde que comenzó su mandato, uno cada cuatro días
Dos de los pretendientes en un momento de la ceremonia bajo la mirada de Óscar Puente.-T. SANCHO
En las tribus zulúes del sur africano, las novias llevan vestimentas sueltas de gran colorido adornadas con plumas y numerosas cuentas. Traspasado el ecuador –ya sea por el efecto Coriolis y su fuerza inercial o por la simple atracción occidental hacia lo llamativo–, este deseo de vestuario se traslada a los invitados, que, como pudo comprobar ayer cualquier viandante que disfrutase de un paseo bajo el sol pinciano y sus treinta y cinco grados por la Plaza Mayor, inundaron la ciudad.
En efecto, ayer, durante la mañana del último sábado de julio, Valladolid sufrió una micosis romántica con la celebración de ocho bodas en el Ayuntamiento. Bajo el techo abovedado del Salón de Sesiones, dieciséis pretendientes devinieron cónyuges en lo que supuso la consagración de Óscar Puente como sacerdote laico oficial de la villa. «Vivo este día con normalidad; al principio, resultaba más estresante, pero ahora lo hago de forma más tranquila y estoy contento porque, normalmente, son mañanas bastante alegres», reconoció, durante la pausa entre dos ceremonias, el regidor, quien sumó, con estos ocho enlaces, 112 bodas oficiadas, una por cada cuatro días de gobierno desde que alcanzara el bastón de mando en junio del año pasado.
Con este mismo báculo, Puente, repitió, una tras otra, la misma ceremonia ante decenas de personas que reconocían, entre murmullos, la cercanía y amabilidad del regidor, alejado de las maneras agrias de su antecesor, mientras comentaban el acierto –o desacierto– de los conjuntos vestidos por los asistentes al festejo. Así, desde las once hasta las tres, desfiló, por la escalera central del cabildo, un torrente de personas que, tras contemplar la conversión del amor en oficialismo, pobló las terrazas de los bares colindante entre risas contagiosas y gritos de ‘vivan los novios’.
«Hay gente que vive un momento de felicidad y tú formas parte de él», aseguró el alcalde antes de oficiar una nueva ceremonia. Mientras ésta tenía lugar, la siguiente novia, del brazo de su padre, preguntaba si éste había cogido los anillos.