ENTREVISTA A JOSÉ ANTONIO VÁZQUEZ TAÍN, JUEZ Y ESCRITOR

«Todos llevamos dentro un gen corrupto»

Azote de los narcos e instructor de casos como el de Asunta o el Códice Calixtino, es un juez atípico, sin mordazas, y un escritor cuya ambición es poner letra a la realidad del ‘submundo’ que ve tras la toga. Hoy, a las 19.00 horas, presenta su último libro ‘El mar sin fondo’ en el Castillo de Fuensaldaña

José Antonio Vázquez Taín-ICAL

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Mar Peláez

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Como juez, ha visto las ‘cloacas’ de la corrupción. Como escritor, José Antonio Vázquez Taín (La Merca, Galicia, 1968), presenta en su cuarto libro, Mar sin fondo, un thriller judicial bañado de corrupción, blanqueo y puertas giratorias. Es el reflejo de España, convertida en novela negra.

Pregunta.- ¿Qué lleva a un juez a escribir una novela entre auto y auto?

Respuesta.- Me lleva la necesidad de hacer pública una parte de la realidad que la sociedad no presencia, pero no tanto los hechos sino las sensaciones. Nosotros vemos las cloacas, el submundo, la corrupción cara a cara, y en todos los ámbitos sociales. Lo que pretendo es que la sociedad reflexione.

P.- Cuatro novelas en cuatro años. ¿De dónde saca tiempo?

R.- Y luego dicen que la justicia es lenta (ironiza). El tiempo es muy elástico. Escribo de forma compulsiva. Maduro mucho los libros y una vez que los tengo en la cabeza, sólo es cuestión de transcribir al dictado de los personajes.

P.- Se le tacha de juez mediático. ¿A usted le amordaza algo o alguien?

R.- La prudencia. No soy inconsciente, pero si me callara me sentiría culpable. La idea de que los jueces deben estar callados ya es de por sí una mordaza. Eso ha hecho que la justicia sea la gran desconocida.

P.- Gürtel, Púnica, Bankia, Panamá… La actualidad informativa es todo un filón para un escritor. ¿Qué caso presenta en El Mar sin Fondo?

R.- El título es muy descriptivo. En este mundo de grillos, con demasiadas voces ensordecedoras y sin la más mínima reflexión, se nos muestra de forma interesada, por los políticos y por los medios, una parte de la corrupción que interesa poner de relieve. He tratado de contar pequeñas historias que sean el reflejo de la sociedad y analizar cómo hemos llegado a esta situación. El libro se retrotrae a la transición. Era el momento de articular las instituciones y perdimos la gran oportunidad de mirarnos en muchos espejos de fuera para crear una España más seria.

P.- ¿Novela o telerrealidad?

R.- Es una radiografía social. Aunque la trama es ficticia, trato de ser muy realista.

P.- ¿Quién es ese ex presidente que aparece asesinado en su casa?

R.- El personaje de Fernando fue el más complejo. Es todos y ninguno a la vez. Quienes han leído el libro identifican a Fernando con presidentes de la ideología contraria. Que sea el lector quien lo identifique.

P.- ¿Dónde está la raíz de la corrupción?

R.- Es una bola de nieve que surge por la continuidad. Ningún copo de nieve se siente culpable. Si nos retrotraemos 500 años, veremos que el duque de Lerma dio un pelotazo urbanístico cuando se llevó a Valladolid la capital de España y otro cuando la devolvió a Madrid. Siglo, tras siglo.

P.- Siempre que se habla de corrupción no nos miramos al espejo, miramos a los otros.

R.- Todos llevamos dentro un gen corrupto. El ser humano es un animal que responde a instintos y estos sólo se aprenden a controlar a través de la cultura. Desgraciadamente la educación es una asignatura pendiente. La corrupción no es patrimonio de los políticos, banqueros, empresarios... Ellos salen de la sociedad. Nos faltan ejemplos de responsabilidad en una sociedad en la que ser honrado parece un rasgo de estupidez. El gen corrupto es una de las partes del instituto de poseer todo lo que se desea.

P.- ¿Es fácil ser honrado si no se tiene acceso a la caja fuerte?

R.- Sí. Ese es el problema y la gente no se da cuenta. Por eso creo más en los gobiernos técnicos. Trasladar la competencia urbanística a los ayuntamientos abrió la caja de pandora. Tenía que haberse llevado desde un órgano técnico y centralizado, y nos habríamos ahorrado toda esta racha de corrupción. La forma de evitar la corrupción es devolver esos aspectos a los tecnócratas.

P.- La justicia ha puesto sobre la mesa muchos casos de corrupción, pero aún no ha dictado sentencias.

R.- Desgraciadamente. Eso hace que la corrupción siga acampando a sus anchas en España. La justicia ha fallado mucho. Ni la hemos controlado, ni la hemos frenado y, ahora que se extendió, no somos capaces de ponerla remedio. Es un fracaso.

P.- ¿Los corruptos se sienten impunes por una justicia lenta?

R.- Es uno de los pilares que sostiene la corrupción. Cualquier político pude pasarse seis años diciendo que es inocente, jubilarse, salir de la escena pública de forma impune porque no hay sentencia. Es triste que siete años después lo que se juzgue sea un cadáver político. Eso les da seguridad. Si cualquier político implicado fuera juzgado en meses o en un año, otro gallo cantaría.

P.- ¿Cuándo caerán las sentencias?

R.- Lo espero ansiosamente.

P.- Le da más miedo ¿un narco o un político corrupto?

R.- El narco siempre viene de frente. El político corrupto utilizará un resorte para que alguien, desde la sombra, te trunque tu carrera profesional.

P.- ¿Están los jueces vacunados contra ese gen de la corrupción?

R.- No. Como en todos los colectivos, hay personas que deberían ser eliminadas del sistema.

P.- ¿Todos tenemos un precio? ¿Usted tiene precio?

R.- Sí, todos tenemos un precio y no me excluyo. Lo único, que mi precio es muy alto y no sería económico.

P.- ¿Este mar de corrupción ha tocado fondo?

R.- Hemos dado pequeños pasos. Hace diez años era impensable que un futbolista famoso fuera acusado de delito fiscal. La crisis económica nos ha ayudado a contener la corrupción, pero cuando vuelvan las vacas gordas y todos puedan volver a robar, quizás demos un paso atrás.

P.- El libro lo escribió antes del caso de las cuentas de Panamá. ¿Habrá una segunda parte?

R.- No. No fue una sopera porque en Vilagarcía entre 1999 y 2001 ya encontramos muchas cuentas de Panamá. No son más que un granito de arena, y en este caso es anecdótico. La visión que tuve de la corrupción me permitió ver que el cauce que utilizaban los narcos para blanquear su dinero, es el mismo que los políticos.

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