SEMINCI
«El cine da más al estado de lo que el estado le da al cine»
«Me río cuando oigo hablar de las subvenciones», dice el director y Espiga de Honor de Orodel certamen este año, quien asegura que en el arte «la cabeza no tiene la última palabra»
Fernando Trueba , ayer, durante su charla en el aula Mergelina de la Universidad de Valladolid.-Pablo Requejo
El director y Espiga de Honor de Oro de la presente edición de Seminci, Fernando Trueba, impartió ayer una clase magistral en la Universidad de Valladolid en la que animó a los asistentes a «disfrutar» y hacer las cosas «con y por pasión». Trueba confesó que después de tantos años sigue ‘enganchado’ a una profesión «de la que intento aprender un poco más cada día», aunque lanzó duras críticas hacia la financiación y al tratamiento que se da al cine en España. «Me río cuando oigo hablar de las subvenciones que se destinan al cine español. Me parece insultante y humillante y creo que ya es hora de que se cambie el sistema impositivo en nuestro país. El cine español da mucho más al Estado de lo que el Estado le da al cine».
En este sentido, puso como ejemplo el modelo francés en el que el fondo que se destina al cine sale de la taquilla, mientras en España existe una «caja común» que después es repartida por el Estado entre todos. «El mecanismo empieza a estar anquilosado y necesita una revisión urgente. Un cambio radical de arriba a abajo», sentenció.
Trueba recordó, como ya hiciera al recoger la Espiga de Honor el pasado martes, que fue gracias a la película El niño salvaje, cuando comenzó a amar esta profesión. «Antes de verla ya me hizo soñar, gracias a una crítica que leí de Miguel Rubio. Cuando se estrenó, me escapé del colegio y supe que quería hacer cine». Entonces tenía 15 años. Hoy, cumplidos los 60, y con más de un centenar de premios bajo el brazo -entre ellos un Oscar por su película Belle Epoque- Trueba confesó seguir tan ilusionado como el primer día y poniendo pasión en todos sus proyectos. «La cabeza en el arte no tiene la última palabra ya que si todo se hace de una manera racional, mecánica o controlada falta frescura y espontaneidad», dijo.
Explicó también que en sus historias huye de la fantasía y de la ciencia ficción y se mostró reacio a emplear las nuevas tecnologías. «Por no tener -dijo- no tengo ni teléfono móvil, prefiero una buena charla con un amigo junto a un café o una cerveza. Ahora, todo el mundo está dominado por la tecnología y cuanta más tecnología hay, a mí más me apetece rodar la piel del actor, un árbol o en el campo».
A la hora de hacer una película, confesó que nunca había buscado una idea sino que siempre se había «dejado llevar» y en muchas ocasiones la había encontrado por casualidad. En este sentido, puso como ejemplo películas como El artista y la modelo, cuya idea partió de un sueño que tuvo, o El año de las luces, que surgió tras a conocer a un ‘rojo’ con el que entabló una «gran amistad y larguísimas tertulias» en un café de Madrid. «Muchos hablan del talento y dicen que es un músculo que hay que ejercitar. Yo confío sobre todo en la inspiración, a la que se convoca y que va y viene. Hay momentos duros en los que te enfrentas a una página en blanco y cuesta mucho arrancar; en ocasiones una historia se puede atascar durante meses».
También avanzó que esta primavera comenzará a rodar una ‘secuela’ de La niña de tus ojos. Esta película, que llevará por título La reina de España, continuará la historia que dejó abierta en la primera casi veinte años después de su estreno.