Los factores del riesgo de pobreza creciente de la que alerta el CES

   JUAN GARCÍA

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El consejo económico y Social (CES) de Castilla y León, es un magnífico observatorio para ofrecernos una radiografía de las preocupaciones que deben centrar la atención de todos, pero sobre todo de los políticos y su acción política. El riesgo de pobreza crece en nuestra Comunidad y hace que la tasa esté por primera vez ligeramente por encima de la media nacional. Una alerta lo suficientemente preocupante, la que lanza el organismo que preside el siempre responsable y respetable Enrique Cabero, para que la Junta de Castilla y León, y el resto de las administraciones pongan toda la atención necesaria en habilitar políticas que contrarresten esa brechas que generan innecesarias desigualdades.

Seguramente detrás de estos datos que ofrecen los estudios del CES hay al menos dos factores claros y evidentes. Uno el de la vivienda, cuyos precios se han desbocado en los últimos tres años, fundamentalmente por la inacción de un gobierno central que no ha hecho absolutamente nada en ocho años por alimentar la oferta para evitar que la demanda acabe teniendo consecuencias sociales tan nocivas como aderezar con intensidad esos riesgos y tasas de pobreza. Hay que hacer vivienda, pero también hay que empezar a liberarse de esos grandes tenedores públicos, que sin ser fondos se comportan como buitres y alimañas, reteniendo suelo y viviendas procedentes de la burbuja inmobiliaria en la que nos hundieron las cajas de ahorro, por culpa del chalaneo político y sindical que las dominaba, de todo signo e índole. Ahí está la Sareb tratando de especular sin necesidad con las miles de viviendas que todavía tiene en su poder y el suelo público, que forman parte de los activos tóxicos de aquellas desaparecidas cajas de ahorro. Activos tóxicos que hoy son activos imprescindibles para revertir la situación de la crisis de la vivienda. A más gasto en vivienda más riesgo de pobreza. Hoy los medidores de pobreza, afortunadamente, no registran la de los que piden a la puerta de la iglesia, sino la de los que a duras penas llegan a fin de mes porque más del 50% del sueldo se les va en el piso. El otro factor que está ligado a la escasez de vivienda, por falta de planificación, es la de la inmigración que ha llegado para integrarse, trabajar y buscar un proyecto de vida en España. Y si a todo esto se le suma la inflación, que incide directamente en la cesta de la compra, por la crisis de carburantes y energía, además de esa repugnante receta capitalista trasnochada de subir los tipos para enfriar la economía, el cóctel es lo suficientemente nocivo como para empujar los datos de la pobreza. Todo es más caro para los que menos tienen. Y así se crea un mundo desigual e injusto.