Incendios: acción política y agilidad
Miembros de Infoca de Andalucía colaboran en la extinción del incendio de Barniedo de la Reina (León).
ES IMPROCEDENTE, inoportuno y casi distópico forzar la comparecencia en el parlamento del presidente de la Junta para que dé explicaciones sobre el proceder en la lucha contra la peor ola de incendios de nuestras vidas, no sólo en Castilla y León, en el conjunto de España. Es improcedente porque el fuego sigue y los incendiarios no cesan. Lo razonable, políticamente, es haber esperado no al fin de la campaña, pero sí a lo peor de verano. Y lo peor no ha acabado. El monte sigue ardiendo, devorando naturaleza y arrasando medios de vida de la España vaciada, esa a la que sólo suele acudir la política para usarla como elemento de desgaste del contrario. Más ahora, más en Castilla y León, que nos encontramos a las puertas de unas elecciones autonómicas que se celebrarán en marzo, tras concluir el actual mandato.
Incluso es hasta una torpeza forzar hoy la comparecencia de Alfonso Fernández Mañueco si lo que se pretende es el desgaste del partido del gobierno y de su líder y cabeza de cartel electoral. Hasta en eso falla la estrategia de la oposición. Podían haberlo hecho más tarde, a la vista de que el objetivo únicamente es ese, y ocasionar ese desgaste más cerca de la cita electoral. Y esta tan claro el objetivo que cada cual ya ha sacado sus conclusiones y estas no variarán tras el debate monográfico de hoy.
Claro que es necesario, pertinente y sano que el ejecutivo dé cuentas en el parlamento de su gestión. De la gestión en la peor campaña de incendios que hemos tenido en este país, que ha tenido incluso que recurrir a ayuda internacional para combatir los numerosos y feroces frentes del fuego concentrados en un puñado de días, unos sobre otros, unos tras otros.
Ahora lo trascendental es seguir en la lucha. Combatir el fuego. Apresar a los autores. Cada día cae una alimaña que por vocación o negligencia ha ocasionado una catástrofe incendiaria. La política de todas las administraciones debe seguir centrada en eso, pero al mismo tiempo en la atención a las víctimas. A los ciudadanos que han perdido sus casas y sus medios de vida inmediata. Sus castaños, sus pastos, sus colmenas, sus tierras. Y para eso, la política debe convertir a la administración en algo inminente e inmediato. Una administración ágil con las víctimas. Y eso pasa por llevarla a las zonas arrasadas, no dejarlos a la intemperie de la burocracia. Es necesario un operativo y un contingente de trabajadores de las administraciones que acuda a facilitar y agilizar esas ayudas prometidas. Es imprescindible y es algo que debería salir de es pleno de hoy y poner en marcha inmediatamente. A veces es innegociable que Mahoma vaya a la montaña, no siempre tiene que se la montaña la que vaya a Mahoma. La montaña y el medio rural espera que la administración que sustenta con sus impuestos esté a la altura y acuda al rescate que necesita. Tras el fuego, quedan las cenizas. Lo único que no puede quedar es el olvido y el desamparo de una periferia que ahora tiene que reconstruirse y no perder el tiempo en burocracias complejas y distantes.