Javier Pérez Andrés

Siempre nos quedará Joaquín

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A las puertas de una España desnortada y de un planeta a punto de salirse de la órbita de la razón natural; cuando aquí debatimos sobre una capital sin haber defendido la fuerza de la comarca y olvidamos el mensaje de comunidades de hombres libres que un día la repoblaron; cuando todo quisque opina sobre la despoblación… Joaquín Díaz se pronuncia. Lo hizo en una magistral intervención en la jornada Arquitectura en Tierra, de lo rural a lo monumental, organizada por el Grupo Tierra de la Escuela de Arquitectura de la UVa.

Desde la villa murada de Urueña, Joaquín elevó su voz, sin gritar, con esa medida a la que nos tiene acostumbrados y dijo que «en esta tierra necesitamos una revitalización y una poda a fondo». El humanista que lleva dentro al antropólogo, al folclorista, al estudioso de la tradición, se lamenta de que no le hicieran caso cuando sugirió medidas «para la conservación y mejora de algunos oficios relacionados con la arquitectura y la artesanía». Joaquín, que por conocer el principio descifra el desenlace, nos recordó que «aquellas personas, aun careciendo de lo que hoy día nos parece tan natural y a veces tan imprescindible, le ofrecían una riqueza de lenguaje, de expresiones, de vivencia y de sentimientos que se interiorizaba creando vínculos indestructibles con el entorno, con la tradición, con la propia existencia».

Alguien que en el arcano del folclore ha logrado atraparlo casi todo reconocía que «acaso no supo transmitir, por ejemplo, la necesidad de crear una escuela taller que se ocupara de enseñar el correcto uso de materiales como piedra, barro y madera, o acaso la administración no lo vio necesario». Y dirigió el puntero a la artesanía y los oficios que la sostenían «que han sufrido sin piedad los alucinantes procesos de industrialización».

Y habló de la desidia y el desinterés que nos asiste. Y nos dijo que la arquitectura y la indumentaria hablan de la importancia «que el adobe o el vellón» tuvieron en León y Castilla. Y se preguntó qué extraño maleficio tiene el progreso que da la espalda a la cultura primera. Y advirtió «que las civilizaciones que quisieron fomentar la delicadeza y la sensibilidad sucumbieron a manos de otras más bárbaras». La historia resumida del género humano: construir sobre la destrucción. Son solo unas pinceladas. El texto completo debería leerse en las escuelas. Al menos, siempre nos quedarán Urueña y Joaquín.