JAVIER DIOSDADO MORAS

Obi Wan Kenobi: eres nuestra única esperanza

El autor expone la falta de esperanza que encuentra en la política actual y el miedo a que el domingo 28 de abril lo españoles vayan a las urnas y voten a un PSOE que solo hace «concesiones a los nacionalistas» y pacta con la «ultraizquierda» d

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Elecciones: a partir del pistoletazo de salida se multiplican por millones los mensajes de los políticos que buscan nuestro apoyo. Es un bombardeo tan constante y contradictorio que aturde y desconcierta. Tanto es así que dan ganas de esconderse y no aparecer hasta que haya pasado todo. Algo así debió de pasar por la cabeza del pensionista que, el otro día, en la barra del bar, tuvo que elevar la voz para soltarle a su amigo: «que no me hables de votos, que no vas a conseguir nada». Los viciosos del mus y del dominó dimos un respingo e interrumpimos nuestras partidas: el autor de la frase representó por unos instantes, revestido de dignidad y de carácter, al ciudadano común, carne de manipulación en estas ‘sagradas’ fechas. Yo no sé quién ganará ni...(iba a decir «ni me importa», siguiendo el ejemplo del simpático pensionista)... pero no es verdad; ni el hartazgo de tanta murga ni el prurito de acabar una frase contundente hará que mienta: me importa y mucho; pues estamos ante las elecciones más importantes de todas las que hemos vivido desde mis lejanos dieciocho años. De ellas depende el futuro de España, de nuestra España tal como ahora la conocemos. El resultado hará que podamos seguir viviendo en un estado democrático (social y de derecho, como repiten los papagayos predicadores de la política), o nos sumergirá en un estado de crisis permanente, de peligros e incertidumbres sin fecha de caducidad previsible.

Todo el mundo se ha lanzado a hacer prospecciones sobre el posible gobierno resultante. Que si el CIS del militante Tezanos, que si los sondeos de empresas independientes, que si las encuestas fiables, que si los trackings semanales… Es un lío. Y todos los comentaristas se curan en salud recurriendo al porcentaje de indecisos (entre el 25-30%). Para ese viaje no hacen falta alforjas, ¡más nos valdría a todos acudir al adivino de la antigüedad, aunque tengamos que viajar a Delfos (¡al menos haríamos turismo!) Lo malo es que no podemos, ‘aquel tren ya pasó’. La Modernidad nos ha traído televisiones, tertulias radiofónicas, redes sociales, todo tipo de opinadores… pero nada de eso nos sirve, porque nadie nos da lo único que nos hace falta: un poco de esperanza en el porvenir de nuestro país. Al menos los que «visionaban las entrañas de las aves», o el oráculo de Delfos nos aseguraban un mínimo de ella: en el fondo de sus enrevesada fraseología había una aparente certeza de la cual se extraía una norma de conducta. Ahora, nada de nada. Nos encontramos desorientados, arrojados al caos de la incertidumbre. Las encuestas y sondeos han suplantado a los dioses pero los ciudadanos no hemos ganado gran cosa con el cambio.

En busca de eso tan intangible y vital como es la esperanza, me «desojo» y «desorejo» tras tanto pronóstico de los medios (radios, televisiones, periódicos…). Pero no encuentro nada a qué agarrarme: en un periódico leo que un arrepentido de la ETA afirma que la política se ha convertido hoy en una «guerra civil», ¡nada menos!; en otro sitio escucho que la ultraizquierda (¿por qué nadie los llama así, que es lo que son?) se está apuntando a cualquier medida desestabilizadora, incluida la independencia de Canarias. Otros informadores desenmascaran a los totalitarios: en Barcelona, radicales separatistas impiden expresarse a los constitucionalistas; en Rentería, Maite Pagaza y F. Savater sufren la misma agresión por parte de los filo-etarras. Aquí en mi ciudad, asisto en primera persona a un espectáculo bochornoso: unos republicanistas exaltados agreden verbal y físicamente a los cofrades que celebran pacíficamente la Semana Santa según sus libres creencias y tradiciones... Pero ninguna de estas cosas cambia los malos augurios de la victoria de Sánchez.

La gota de esperanza sigue sin aparecer. ¿Será posible que los ciudadanos españoles no veamos aún el tsunami que se avecina? ¿Qué se puede esperar de un gobierno presidido por Sánchez sino concesiones -más aún- a los nacionalismos, falsificaciones históricas vía BOE, referendums variados, atropellos de la constitución…, para qué seguir? Parodiando a un famoso alcalde socialista del años 2008 -aunque al revés que él- casi me dan ganas de decir: «¿cómo puede haber tanto tonto... que aún vote a este Psoe?» El único consuelo, tristísimo e insuficiente, me llega de la literatura, a modo de sublimación estoica: «Miré los muros de la patria mía...etc.», (Quevedo); «¿seremos entregados a los bárbaros fieros? // callaremos ahora para llorar después?..»(R. Darío, Cantos de vida y esperanza). Pero no me basta. Necesito una pizca de esperanza, acudo a algo más ligero, el fútbol por ejemplo. Tampoco funciona: me entero de que el R.C.Valladolid está punto de descender: por culpa de árbitros y ‘VARes’ desaprensivos… ¿Qué nos está pasado?

Al fin, cuando ya desespero de encontrar ese mínimo de sensatez en la actualidad, el domingo día 14, mientras desayuno, me tropiezo con ella. El sr. Michavila (uno más de los oráculos) se atreve a decir que tal vez el PSOE solo pueda formar gobierno si se apoya en Ciudadanos ¡Pues ya está! Ahí está lo que tanto había buscado en vano. El soplo de esperanza. Pero, un momento, no me entiendan mal. No es que yo crea en ese cambalache. Para mí la única esperanza está en que Rivera mantenga su palabra y no haya más remedio que repetir las elecciones. En eso se cifra toda mi esperanza. Cuando esto ocurra, ahora sí, los españoles lo tendrán claro: la única forma de sobrevivir será un gobierno de centro-derecha, en el fondo un gobierno de salvación nacional. Albert-Obi-Wan Kenobi, eres nuestra única esperanza. No nos falles.