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«LA HE AYUDADO yo a suicidarse; ella no podía con las manos y la he ayudado con las mías». Me impresionó, nos impresionó a muchos, las durísimas imágenes de La Sexta en las que Ángel Hernández interrumpió definitivamente el sufrimiento de su compañera María José Carrasco, una mujer de 61 años que padecía una esclerosis múltiple que la impidió vivir dignamente durante una década por la desidia y/o el obstruccionismo político.

María José mira a los ojos a Ángel y la dice que le ayude a morir; «cuanto antes, mejor». El marido confiaba en que la clase política despenalizaría la eutanasia y el suicidio asistido, pero no fue así. Como en tantas ocasiones, las demandas de los ciudadanos van por delante de los legisladores. María José estaba «muy harta» de su situación, como tantos enfermos -y familiares- a los que determinados poderes someten a situaciones crueles en las horas previas de su muerte. Apenas podía hablar y tragaba con dificultad.

Hoy es «Viernes de Dolores» y arranca oficialmente la campaña electoral. La Iglesia católica conmemora el dolor de una madre al ver sufrir a su hijo. Durante diez días exhibirá su poder, presumirá de la misericordia de Cristo y se solapará con la clase política en la difusión de mensajes. Todo mi respeto a los católicos de buena voluntad, pero que tengan en cuenta que su institución está condenando a demasiada gente a sufrir en vida. No solo por su intransigencia con la eutanasia y su olvido de quienes tienen el derecho a elegir una muerte digna; también, por su complicidad con la pederastia, por su incomprensible concepción de la homosexualidad como una desviación (así lo sugirió el Papa progre a Jordi Évole), por sus excesivos privilegios…

Ángel es uno de los olvidados por esta institución. Ayudó a morir a su mujer. Tuvo que pasar la noche del duelo en los calabozos y ahora se enfrenta a una legislación que puede llevarle a la cárcel. Y el colmo es que un «acto de amor» se presente por los jueces como violencia de género.

La clase política tiene la oportunidad de ganar ese pulso a la Iglesia; una institución que cada día pierde más influencia en la gente, como acaban de certificar el CIS, el INE y la Fundación Ferrer y Guàrdia. Es lamentable que la iglesia trate de ordenar cómo se debe vivir y cómo se debe morir, y que algunos grupos políticos sigan sus dictados pese a los sufrimientos de la gente. La lucha de Ángel, como la de Ramón Sampedro o la del fallecido médico Luis Montes, exige decisiones urgentes al nuevo Parlamento. «Cuanto antes, mejor». Por imperativo moral.