EDITORIAL

Un clamor en la calle por la igualdad que debe escucharse

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NO HAY duda de que se han producido notables avances hacia la igualdad entre mujeres y hombres en los últimos años, pero es imposible negar que todavía falta un considerable camino que recorrer para conseguir eliminar las desigualdes que se siguen manteniendo y que demuestran los datos estadísticos y las vivencias personales de muchas mujeres. Ayer, en el Día Internacional de la Mujer, en Castilla y León hubo un clamor en las calles de todas las capitales reclamando avances hacia la igualdad y denunciando los problemas a los que todavía tiene que enfrentarse una parte importante de la sociedad, con la violencia de género y las agresiones sexuales como lo más dramático. No se puede desoír el clamor ni caer en tentaciones partidistas que rompan la unidad política en lo esencial que existe hasta la fecha.

Es el segundo año en que se ha convocado una huelga en defensa de la igualdad y esta acción feminista, que incluso se ha exportado a otros países donde se ha seguido el ejemplo español, ha conseguido unir a muchas mujeres y hombres, no tanto en el seguimiento de la huelga como en la participación en las manifestaciones reivindicativas.

Las mujeres están reclamando un igualdad que es de justicia. Por supuesto, la situación de la mujer española está a años luz de otras sociedades no lejanas donde la discriminación se consagra incluso en las leyes. Eso se ha superado en España pero falta todavía que se convierta en una realidad total. Los avances ese sentido son imparables, sobre todo ante el impulso de la reivindicación en la calle y ante la cada vez mayor conciencia de la sociedad española.

Pero no hay que olvidar que son todavía muchas las mujeres que tienen su integridad física en riesgo por problemas de violencia de género. La estadística de muertes es dramática y un argumento contundente para reclamar una acción política encaminada a resolver un difícil problema que atenta contra los derechos más básicos del ser humano.

Si ya es difícil el éxito en la lucha contra esta lacra, lo mismo que sucede en el caso de las agresiones sexuales, la tarea se complicaría mucho más si se rompe el consenso político que ha permitido generar avances al menos en la concienciación social y en el reconocimiento de la necesidad de actuar, de dejar de mirar para otro lado y reconocer el problema, que es siempre el primer paso.

Por tanto, un peligro para este cometido es que algo tan fundamental como la lucha contra la violencia se convierta en un motivo de enfrentamiento partidista, sobre todo en un momento como el actual en el que hay sobre la mesa cuatro convocatorias electorales y una previsible gran fragmentación del voto.