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«HOY vas a descubrir que el mundo es solo para ti / Que nadie puede hacerte daño / Nadie puede hacerte daño / Hoy vas a comprender que el miedo / Se puede romper con un solo portazo / Hoy vas a hacer reír porque tus ojos / Se han cansado de ser llanto, de ser llanto / Hoy vas a conseguir reírte hasta de ti / Y ver que lo has logrado».

Escribo estas líneas tras escuchar el poema «Ella» de Bebe, esta valenciana criada en Extremadura que canta a la esperanza por la lucha de las mujeres.

HOY las calles del mundo, de España y de Castilla y León volverán a decir ¡Basta! a tanta injusticia contra más del 50% de la sociedad. Será una jornada de orgullo por una lucha plural, pacífica y multitudinaria. El coraje feminista y el tesón de tantas luchadoras han prendido con fuerza. El feminismo ha revolucionado conciencias y está aquí para quedarse. Ha tardado en enganchar, pero está aquí. «Si todos los hombres nacen libres, ¿por qué las mujeres nacen esclavas?», se preguntaba la inglesa precursora de este movimiento, Mary Astell, hace 400 años.

HOY permanece el espíritu de aquella huelga de hace un año contra la violencia machista en el trabajo, en el hogar, en los espacios públicos, en las instituciones… Contra la desigualdad laboral… En defensa de la diversidad sexual, de la dignidad del trabajo doméstico, de la educación en igualdad…

HOY es algo más que un día de conmemoración. La huelga y la gran movilización feminista ponen en jaque a políticos y empresarios. Hasta una parte de la derecha se ha enganchado y, con matices, se ve incapaz de enfrentarse a esta masiva ola en defensa de la igualdad. Son insostenibles las diferencias salariales, las dificultades para conciliar y cuidar a los hijos o a los mayores y las menores oportunidades de las mujeres para acceder a un empleo (como confirma El Observatorio Social de La Caixa).

HOY 8 de marzo se pone una semilla más en esa senda imparable contra una sociedad que ha ordenado privilegios de los hombres sobre las mujeres. Las calles de este país ponen este viernes deberes a políticos, empresarios, sindicatos, educadores, periodistas y jueces. También a los hombres y mujeres de a pie. La revolución feminista nos ha enseñado algo muy importante: es posible cambiar la sociedad.