FRAN SARDÓN

Nadie es una isla

El autor considera que los problemas de Castilla y León son comunes en las nueve provincias y que sería más acertado fomentar la unión y el desarrollo territorial a través de la complicidad y nuestras similitudes, en vez de empequeñecer y provo

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Recuerdan aquel inicio de la afamada novela de Ernest Hemingway que decía: «nadie es una isla por completo en sí mismo…», sí, aquel espectacular inicio que procede de la obra del poeta metafísico John Donne que dio lugar a una no menos grandiosa película de Sam Wood protagonizada por Gary Cooper e Ingrid Bergman. Pues resulta que me ha parecido oportuno traerla al presente, aunque todas las grandes obras son atemporales, siempre son presente y actuales, por eso son grandes, porque se pueden emplear en cualquier tiempo o en cualquier época y siempre es oportuno reivindicarlas porque nos sirven de guía y de faro cuando nos desencaminamos o nos perdemos.

Es fácil descarriarse cuando mucho se habla, y no me malentiendan, siempre es bueno hablar, pero también es probable que mientras nos empleamos al verbo dejemos escaso tiempo a la escucha y a la reflexión, tan importantes para tomar una buena decisión o para construir un buen argumento. «Ningún país es una isla, ni siquiera aquellos que geográficamente pueden serlo», ha afirmado recientemente el historiador David Edgerton en The Guardian refiriéndose al Brexit, una afirmación inspirada, claramente, en el poema de John Doone y que también pone el contenido de esta obra de plena actualidad, pero no se preocupen, no voy a ser redundante con este asunto que siendo importante porque de una u otra manera nos afecta, quiero centrarme más en el propio significado de la obra del poeta que nos atañe más directamente. Lean lo que decía a continuación: «cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad…». ¿No les parece de rabiosa actualidad? Es como si John Doone estuviera viendo lo que está ocurriendo actualmente en Europa o en Castilla y León, sin duda su obra permanece entre nosotros, pero parece que hasta él mismo ha estado caminando por las calles de Paris, de Londres, de Valladolid o de León. ¿Qué nos está ocurriendo? ¿Estamos tan desesperados o descarriados que pensamos que para que nos vaya bien a nosotros tenemos que sacrificar al de al lado, a las personas que configuran nuestra comunidad, nuestro país o nuestro continente? Bajo mi punto de vista es un error no carente de cierta intencionalidad que nos hace más pequeños, que nos hace perder oportunidades y que no nos hace ningún favor a quienes se nos alude por ser de la ciudad o del territorio al que se quiere beneficiar. Si extrapolamos esta línea argumental a nuestro país, ¿estaríamos afirmando que es mejor «poner todos los huevos» en Madrid o en Barcelona sabiendo que eso iría en detrimento de Castilla y León o de Extremadura? ¿Cómo nos iría a España si en Europa se llegara a la conclusión de que la solución mejor, la más pragmática es la de apostar por Francia y Alemania y los que quisieran o quisiésemos tener un mínimo de calidad de vida nos tendríamos que trasladar a estos países? ¿España es una isla en sí misma, lo es Cataluña o lo es Valladolid? No llevamos las alforjas llenas para iniciar el camino de la prosperidad si distorsionamos o difuminamos el principio de solidaridad territorial o si queremos hacer «camino al andar» nosotros solos. Hasta el propio Winston Churchill lideró una iniciativa a principios de la Segunda Guerra Mundial que pretendía unir a ingleses y franceses basándose en que principios como la democracia y la libertad eran más poderosos que cualquier bandera. Deberíamos tratar de que esto lo entendieran nuestros conciudadanos, que creo que la mayoría lo entienden, e incidir en que muchos de los problemas que tenemos en Castilla y León son comunes en nuestras nueve provincias y que quizás nos fuera mejor si fomentáramos la unión y el desarrollo territorial a través de todas las cosas que tenemos en común que son muchas y de hace muchos años en lugar de provocar a nuestros vecinos y querer convertirnos en una isla.

Para cerrar esta analogía con el siempre vigente poema de John Donne, es muy dudoso que podamos progresar y que este progreso sea sostenible en el tiempo sin la complicidad social y económica de nuestros vecinos, es muy osado pensar que nosotros nos podemos hacer grandes mientras otros se empequeñecen al igual que es muy difícil mantener la coherencia de un discurso que promueve el individualismo territorial cuando se sale de la ciudad. Europa se ha ido debilitando como potencia económica frente a EE.UU y las economías asiáticas cuando los mal entendidos nacionalismos han cobrado de nuevo protagonismo. Finalizaba el poema con la célebre frase: «por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti».

Fran Sardón es presidente de PREDIF (Plataforma Representativa Estatal de personas con Discapacidad).