JAVIER DIOSDADO MORAS

¡Que viene el lobo!

El autor señala que la balanza de la política está «desequilibrada» en favor de la izquierda y afirma que «en España tenemos miedo a la palabra derecha»

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Vox lo tiene difícil en España. Es un partido, dicen, que está a la derecha del PP, es decir, es un partido que, sin ser nazi ni fascista, es calificado constantemente como de «extrema derecha». El problema está en el adjetivo «extrema», pues es sinónimo de exagerado, radical, desaforado, totalitario… inaceptable en definitiva. Y voy a ir aún más lejos: afirmo que en España tenemos miedo, políticamente hablando, a la palabra «derecha». Es otra herencia desafortunada de la dictadura (de derechas) que padecimos durante 40 años. La simplificación ideológica que nos acosa, sobre todo tras la inflación de las punto-com, obedeciendo una suerte de ley de la entropía de las sociedades (permítanme los científicos esta licencia literaria) hace que en España todo lo que huela a «derecha» esté demonizado y, por el contrario, todo lo que parezca «de izquierdas» resulte glorificado. Esto lo saben muy bien los medios de comunicación afines a la izquierda que no solo aprovechan dicha simplificación mixtificadora, sino que se dedican a mantenerla viva, atizándola siempre que pueden, como si fuera el rescoldo de un antiguo fuego. Por eso, también, el insulto preferido con el que abofetear al adversario político es el de «fascista». Fascista era Rafa Nadal ya en el 2008, porque se dejó fotografiar junto al PP; fascista es A. Ribera por desaprobar la moción de censura urdida contra Rajoy; fascista es el ministro Marlaska porque pide la extradición de un fulano rapero huido a Bélgica; fascista es el que exhibe una bandera española, así como también el que habla español en una Comunidad bilingüe y el que no piensa como tú y el que quiere que se cumpla la ley ...

Así que tenemos un problema grave incrustado en la raíz de nuestra «máquina de juzgar» hechos políticos. Es algo así como los guantes «cargados» de los boxeadores, o las básculas trucadas de los comerciantes de bazar (los pícaros), o las mesas de ruleta manipuladas. Que es como decir que la balanza, en lugar de mantenerse siempre en su «fiel», está desequilibrada a favor de uno de los dos platillos, concretamente el de la izquierda. En esta distorsión de nuestros pesos y medidas de la cosa pública, llegamos a casos esperpénticos, casos en los que la balanza no se conforma con estar desequilibrada: está invertida por completo (¡¡los platillos están cambiados!!). No tenemos más que asomarnos a lo que ocurre en Cataluña (al menos lo que trasciende en los medios de comunicación). Allí los auténticos fascistas (CDRs) se han echado a la calle para intimidar, aislar, vejar… , a todo aquel que no esté a favor de sus planteamientos separatistas y, cegados por su extremismo excluyente, se atreven a llamar «fascista» a las víctimas de sus excesos. Cualquiera que eche un vistazo rápido a la Historia verá que esto era, literalmente, lo que hacían los ‘camisas pardas’ de Hitler.

Repito, pues, en España, Vox lo tiene difícil. Desde la neutralidad del simple observador, me da bastante igual, pero me parecen injustas muchas de las reacciones de la prensa hablada/escrita ante el éxito que tuvo de este partido en Vistalegre. La mayoría tildaba al Sr. Abascal y su programa como de «extrema derecha». Pues bien, he echado un vistazo a sus 100 medidas y no veo extrema derecha; si acaso, derecha sin tapujos, sin más. Hagamos un rápido repaso: ¿Qué español de bien no aprobaría que se apoye a la familia como se hace otros sitios de Europa para animar a las jóvenes parejas a tener hijos? A mí, particularmente, me gusta, cuando paseo por nuestras calles, ver los carritos de bebé empujados por sus papás: en esos carritos viajan sueños en ciernes, proyectos de futuro, alegrías e ilusiones... .No tengo nada contra de la raza canina, pero la verdad actual es que los jóvenes de ahora se inclinan más por la crianza de uno o varios animales que por la crianza de su propia especie. Hay en este grupo de medidas algunas que están muy conectadas con las creencias o la religión –Eutanasia, Aborto, Vientres de alquiler...–. Ahí no me meteré, pero ¿qué persona honrada puede no estar de acuerdo con la propuesta de hacer más justa la Justicia, es decir, de hacer al Tercer Poder más libre, democrático e independiente de los políticos… Sigamos, ¿qué ciudadano sensato no estaría de acuerdo con perseguir con más rigor los delitos graves de todo tipo que estamos padeciendo diariamente y meter en cintura (tal vez para siempre) a esos delincuentes a los que les resulta tan barato delinquir? ¿Qué joven trabajador, con estudios o sin ellos, nacional o inmigrado no aplaudiría una medida que regularice la inmigración de forma racional? … y por ahí van todas las demás propuestas.

En fin, que no he encontrado razones suficientes para situar a Vox entre los partidos de extrema derecha, y menos aún para calificarlos de fascistas o nazis. Es sencillamente otro partido de derechas, más de derechas que de centro, eso sí. Si no me creen, amables lectores, echen un vistazo a la Historia reciente de Europa. Yo lo acabo de hacer: he estado viendo en Youtube, con subtítulos en inglés, algunos de los discursos de Hitler y de Mussolinni. Este es el auténtico punto de referencia para poder utilizar con propiedad el adjetivo «fascista». Allí vemos las esencias de este movimiento: intimidación y violencia callejera, matonismo, «comunión mística» de la Nación (pobres y ricos) en torno a su «amado líder», disciplina férrea desde la más tierna infancia, sacrificio –hasta la muerte si fuera necesario– al servicio de un glorioso futuro nacional (destino en lo universal decían por estos pagos), odio a raudales hacia el extranjero... Y, sobre todo, identificación de un chivo expiatorio (verbi gracia los judíos), cifra y resumen de todos los males de la nación, a quienes, en su fanatismo inhumano, llevaron al holocausto. Nada de esto he encontrado –de momento– en ese partido.

Al contrario, entre los que nos dirigen he visto y he oído cosas que a cualquiera le pondría los pelos de punta, por peligrosas, cínicas e indecentes. Como diría el poeta: Blas de Otero: «He bajado a la calle…he visto almas cegadas avanzando a brincos… he visto y he creído». Citaré solamente una de esas cosas tremendas que me han golpeado en toda el alma: la ministra portavoz del Gobierno se ha dejado decir, bonitamente, en una entrevista con Alsina, que los golpistas a quienes los jueces consiguieron retener dentro de nuestras fronteras no dieron un golpe de estado. Que lo único que hicieron fue una «ruptura de la Constitución». ¿Se puede ser más cínico? Es como si el policía a quien te quejas por haber sido víctima de un «ROBO», te contestara que no es para tanto, que solo te han «SUSTRAIDO» un objeto de uso común.

Así que, señor Sánchez, de quien depende ahora nuestro futuro, usted que desalojó al anterior inquilino de la Moncloa por ser «indecente», predique con el ejemplo. Sea mínimamente honrado y decente con los españoles, que todavía no le han puesto ahí donde está. Convoque elecciones YA y que sea el pueblo soberano quien ponga a cada uno en su sitio, empezando por usted y terminando por ese partido al que algunos tildan de extrema derecha.

Javier Diosdado Moras es catedrático de Literatura jubilado.