ESPEJOS PARA LA BASE / PORFI FISAC

Señor de los ascensos

El colegio Maristas de Valladolid fue el lugar en el que se formó en el baloncesto un entrenador que ha logrado subir de categoría ocho veces en los 20 años que lleva como profesional

Porfi Fisac posa en elCampoGrande con varios de sus recuerdos como entrenador de baloncesto.-J. M. LOSTAU

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Guillermo Sanz

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«Una canasta hace feliz a una persona, una asistencia a dos». Palabra de un mago. Esta cita de Magic Johnson definió la personalidad de Porfi Fisac, que primero la sembró en el terreno de juego y después en la zona técnica, donde se forjó un mago capaz de hacer feliz con sus trucos a miles de personas.

‘Magic Fisac’ no siempre vistió chistera. Hubo un tiempo en el que el maestro fue aprendiz en las aulas del Colegio Maristas, donde recaló después de que su padre fuera destinado a Valladolid. «No tengo más que recuerdos dulces de esa época. Allí conocí a Arturo Montequi, mi padre deportivo. Comenzó a crecer un club con gente muy importante como Sierra o los hermanos Calvo», recuerda Fisac.

Eran tiempos en los que no había un techo para cobijarse y en los que el frío o la lluvia no eran puestos fronterizos para sus ganas de jugar: «En el patio lo más normal era que cuando entrenábamos el hermano Teófilo nos tenía preparado un cepillo para quitar la nieve. Amábamos el deporte porque nos tocaba trabajar en él», entiende el técnico vallisoletano, que ha visto cómo ha evolucionado el baloncesto de cantera desde esos años: «Era un baloncesto de colegio. Luego empezó la formación de clubes, lo que ha permitido también crecer, y ahora se están intentando retomar el deporte escolar. Los colegios deben ser un referente», asegura.

Las pistas de Maristas, Tizona Burgos y Palencia fueron páginas en blanco para que escribiera su biografía un jugador «físicamente pobre, pero técnicamente con calidad. Era listo para saber darle el balón al mejor del equipo», bromea. Este perfil le valió para mantener la llama encendida hasta los 30 con una espina en su zapato: no haber podido llegar a jugar en ACB, una puerta que parecía abierta después de trabajar un verano con el CB Valladolid con Pesquera como técnico. La puerta se cerró de golpe y Fisac hizo suyas las palabras del rey Ricardo III en la obra de Shakespeare, cambiando su reino no por un caballo, sino por un partido en la ACB. «Daría un año de mi carrera como entrenador por haber jugado un partido en ACB», confiesa.

El tiempo cierra la herida pero no borra la cicatriz... y eso que ha tenido en el éxito la mejor medicina. «Jugaba con Maristas y entrenaba a las chicas de Francesas, siempre he tenido esa vertiente de entrenador», confiesa.Desde que cogiera un equipo de mini femenino en Extremadura, donde puso punto y final a su carrera como jugador, siempre ha tenido en el banquillo un hogar. Se cumplen dos décadas desde que cogiera las riendas del Peñarroya y Porfi Fisac ha coleccionado ascensos. El primero en Tarragona, el siguiente en Algeciras y después en San Sebastián, donde pasó en tres años de LEB-2 a ACB. La rueda no paró ahí.

Se cumple una década desde que Porfi Fisac pudo ser profeta en su tierra. El verano de 2008 aterrizó en casa. «Miraba el banquillo de Pisuerga y no me lo podía creer. He visto muchos partidos desde la grada. Fue Mayordomo el que vio mis posibilidades y siempre le estaré agradecido, porque mi corazón estaba lleno», admite. El entrenador llegó a Valladolid para hacer historia. Devolvió al equipo a la ACB y firmó en la máxima categoría una temporada para enmarcar en la que se clasificó para la Copa del Rey y en la que sólo el basket average separó al CB Valladolid del playoff por el título. «Allí nació un espíritu que mató la economía», lamenta.

Después de una salida llena de preguntas sin responder y de un año en Fuenlabrada, Porfi Fisac volvió a su hogar, donde le tocó pegar el trago más amargo de su carrera (junto al descenso con Guipúzcoa, el único de su carrera): la última respiración del CB Valladolid. «Fue el año más duro de mi carrera deportiva. No por ser esperado fue menos doloroso», reconoce. La luz del club morado se apagó, pero no la de su técnico, que continuó llevando a las pizarras la fórmula del éxito: «El protagonismo es de los jugadores y el secreto es poder hacer una buena plantilla. Está bien fichar hombres y mal fichar nombres», entiende el entrenador, que ha llegado a exportar su método a Senegal, con quien ganó un bronce en el último Afrobasket.

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Tal vez el secreto del ‘señor de los ascensos’ resida en la sencillez de un plan cimentado en el trabajo diario: «Nunca he querido quedar primero. He querido que mis equipos jueguen bien y que los jugadores sean mejores cuando les deje que cuando les cogí», unas palabras de la que pueden dar buena cuenta nombres propios como Slaughter, Ayón, Eulis Báez, Ayón, Nacho Martín, Dumas o Van Lacke, discípulos de ‘Mr. Fisac’.