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LAS AFUERAS de Tamariz recuestan palomares entre lomillas y eras parceladas. El puente sobre el Sequillo parece excesivo para cauce tan canijo. Tamariz tiene un nombre hermoso, de origen vegetal, que difícilmente se compadece con su estampa maltrecha. Apenas unos pocos tamariscos mimbreros vigilan el curso exhausto del Sequillo, que un poco más abajo pasa bajo el Canal de Campos y se dirige hacia Rioseco, donde recibe el alivio de las aguas sobrantes de la dársena.

La torre herida de San Juan y su preciosa portada renacentista son su primer reclamo. Es cuanto queda de aquella joya. En enero de 1949 un alcalde falangista, con mano en el arzobispado y en altas instancias del Régimen, gestionó su almoneda sin ningún provecho para el pueblo. De esta iglesia convertida en escombros salió el retablo mayor para la catedral de Santander. Una mudanza urdida por el Marqués de Lozoya, que extravió en el viaje las imágenes barrocas de Tomás Sierra, sustituidas por pastiches falleros de un imaginero practicón.

También se envió un retablo lateral a Noreña, patria asturiana de la fabada en lata, donde adorna la capilla de la Soledad. Detrás de este tirón estaba la codicia de doña Ramona, una de las damas predilectas de El Pardo, señora del ministro Alonso Vega y bautista de las marcas lácteas Ram y Ona, proveedoras en exclusiva y durante años de los cuarteles repartidos por la geografía española. El artesonado mudéjar troceado y la pila bautismal se destinaron a engalanar casas de postín.

¿Y qué recibió Tamariz a cambio? Desprecio y trampantojos. Por el pueblo se descubren mezquinas construcciones de los cincuenta, que se hicieron para disimular el expolio. Apenas aguantan ya en pie. Además, don Purpurino. La iglesia de San Pedro, con portada románica y cuerpo mudéjar, quedó convertida en un adefesio con los muros embadurnados de cemento, sobre los que se pintaron falsas ventanas. A su lado, un almacén de adobe en ruina, que guardaba un noble arco gótico, acaba de asomar una preciosa ventana geminada con arcos polilobulados. Reclama protección y un arreglo inmediato.