Herrumbre ideológica
AL PRINCIPIO fue la ideología. Leyendas de caseríos, de una raza, de una lengua… Y, mientras se instalaba en el cráneo de tantos descerebrados su app supremacista, las pistolas despertaban en las escuelas y los Seminarios. Un máster en terrorismo que le iban firmando a ETA algún que otro obispo, el PNV y demás familia. Y ahora, al final, un final indigno y herrumbroso, está la ideología.
A los cobardes y a los indecisos se les hace socios de determinadas causas, por muy abominables que sean, a través de la ideología. No miren a otro lado: es la ideología. Otras cosas son las creencias, los valores, los principios, incluso las ideas… Pero la ideología es otra cosa. Tiene su aquel de droga, su toque de condecoración para quien la exhibe, su no sé qué de distinción social…
Las ideologías, como todo organismo vivo, buscan perdurar. Creen en la resurrección de las programaciones mentales. ETA buscaba la muerte de los inocentes para ganar socios con el miedo que produce la sangre. Sacarse su carnet, o de algún club filial, era un seguro de vida. Ahora que no le funciona la muerte ya han encontrado un nuevo nicho de mercado: el feminismo. Su último comunicado habla de luchar contra el patriarcado.
Creo recordar que cuando ETA asesinó a su propia colega Yoyes ninguna feminista se manifestó. Lástima… Yoyes rompió el patriarcado dirigente de ETA, y le reventaron la cabeza de un disparo. A ver cómo arreglan este dato los publicistas del extremismo separatista vasco, ahora en campaña feminista.
Las ideologías comparten gusanos subterráneos en sus comportamientos extremos. Terrorismo, animalismo, feminismo…
Si pocos fueron los que no sucumbieron a la cobardía ante el terror de ETA, el feminismo y el animalismo radicales también van mostrando la debilidad de carácter de algunos: Catalá, el ministro de Justicia, lo ha dejado claro. El Rector de la USAL ha decidido sucumbir a la presión animalista. La cátedra de Tauromaquia arderá en la hoguera inquisitorial de las coacciones.