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CONOCIDA con retraso la tentativa de reparto presupuestario, que Montoro adornó con filosofías, ya sabemos cuánto importan en Moncloa nuestros duelos, más allá de las zalamerías que nos venga a hacer una Soraya atraída por los convites. También aprendimos a esquivar charcas peligrosas. Porque en la ciénaga autonómica más beneficiada por la siembra montorina hay voraces cocodrilos. Y no conviene incomodarlos, por si se revuelven. Así que nos quedamos con nuestras miserias, vigilando que no tienten a nadie y nos las acaben quitando.

La charcutería judicial doméstica ha venido a demostrarnos que en esa taquilla siete millones malogrados pueden pesar más que setenta. Acaba de ocurrir con la petición de pena para la Mari y su Bernardino, por la presunta estafa piramidal de siete millones en Caja España, que es exactamente una décima parte del agasajo que los lebreles del consejo de administración hicieron a su presidente. Lo chocante es que su instructor sea el mismo Muñiz Tejerina, que ni se inmuta. Como siguen sin inmutarse, ante el desperdicio de las últimas nieves de Pascua, Cabanillas Muñoz-Reja y De Andrés Guijarro, parapetados en el segundo escalón de Agricultura y Economía de la Junta. Que malogre el Porcos los deshielos, pero no se diga que tuvieron prisa en tramitar la cesión del embalse de Villagatón, después de veinticinco inviernos inútil y una millonada en hormigón echada a perder.

No son casos aislados, sino que se cuentan por miles, pero nuestros procuradores autonómicos prefieren otros asuntos. Se ve en la pesquisa del Procurador del Común sobre los manejos del Club de los Sesenta. Los grupos parlamentarios disponen de más personal y una dotación presupuestaria cuantiosa para escuchar las quejas que genera la acción de gobierno. Aunque tampoco les afecta semejante escrutinio. Ya se ocupan de viajar ellos mismos y también de apuntar a su gente a los viajes más apetecibles de cada año. Y con ese trasiego de complicidades, tampoco van a andar luego molestando por la minucia de veinte mil solicitantes sin viaje, mientras mil repiten cada año.