Bolazos de nieve
POSIBLEMENTE sea el producto-destino turístico menos conocido y apenas practicado por los habitantes de esta región y, en especial, por el denominado turismo familiar, tan vigente en los folletos de la campaña actual. Acentúo lo del turismo familiar, pero me ciño al ‘interno’, o sea, para disfrute de los nuestros y en casa.
Me refiero a la práctica del esquí, a las visitas a las estaciones invernales, a los viajes a las zonas nevadas de montaña –que son también espacios naturales–, al senderismo en la nieve, además de los deportes de esquí de travesía y las marchas con raquetas. Hablo del disfrute de esta estampa de las pequeñas aldeas, cuya instantánea es casi una metáfora, pues de las chimeneas de sus casitas rurales siguen saliendo hilos de vida en forma de humo. Es la última fumata blanca de los habitantes de nuestras montañas.
Al que no le conmueva un paisaje rural nevado, que se lo haga mirar. Muchos creen que estas estampas bucólicas e invernales pertenecen a otros escenarios: Alpes, Pirineos, Candanchú y así. Pues bien, a pesar de las adversidades atmosféricas, en Castilla y León siempre nieva sobre el cordón montañoso que circunda la Meseta. Y casi siempre están abiertas todas las estaciones invernales: Leitariegos, San Isidro, La Covatilla, La Lunada, Santa Inés y La Pinilla. Están en Laciana y en el puerto de San Isidro (Villablino y Puebla de Lillo), en León; en la sierras de Béjar y Candelario, en Salamanca; en Las Machorras (Espinosa de los Monteros), en Burgos; en los Picos de Urbión, (Vinuesa), en Soria; y en la Sierra de Ayllón (Riaza), en Segovia. Todo, dentro del ámbito geográfico de los espacios naturales.
Las leonesas son las más competitivas, pero el resto tiene una oferta esquiable más que digna, incluida la pequeña estación soriana. Y no entro en la docena de zonas de esquí de travesía ni en la oferta de las seis estaciones de las comunidades vecinas, todas ellas en la linde. Como siempre es cuestión de geografía: la asignatura que suspendemos y que no practican –eso sí que tiene delito– los que pagamos para ‘turistizar’ en invierno las necesitadas zonas de montaña. Bolazos de nieve les tiraba yo a los responsables del turismo regional, si es que algún día aparecen por las montañas nevadas. Andan todo el día gastando en alta cocina, a destiempo, y se olvidan invertir en alta montaña cuando más se necesita.