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AQUEL CRISTIANO impaciente, que ejerció como avispado corresponsal en el ya remoto concilio de la apertura y en las revistas catalanas Destino y El Ciervo, alojó más tarde su inquietud en libros de ensayo y reflexión, narrativos y poéticos. A su retiro de efervescencia creativa en Alcazarén le ha llegado estos días un reconocimiento pontificio a su trayectoria, distinción que le va a entregar el sábado 4 en Valladolid el cardenal Blázquez.

Más de veinte novelas y una docena de libros de relatos (a su vez seleccionados en unas cuantas antologías), nueve volúmenes sucesivos de diarios y confidencias, otros tantos de artículos, una veintena de ensayos y nueve poemarios acreditan su prestigio como ensayista, poeta singular, observador a su aire y también como narrador de historias impregnadas con peripecias angustiosas, que nos plantean dilemas acuciantes.

Pero como por tradición y voluntad, sus libros no se atienen a las hormas académicas, el resultado es que ni los novelistas ni los poetas ni los ensayistas de nómina lo consideran uno de los suyos, sino como un raro escritor que toca todos los palos sin cuidar el correcto etiquetaje de su casilla en el escalafón. Aunque en su trayectoria cuenta con las más altas distinciones de la literatura en español: el Nacional de las Letras Españolas y el Cervantes.

En lo que Jiménez Lozano se ha mantenido siempre inflexible es en el desdén a los dictados de la moda, para seguir alimentando su obra con inquietantes reflexiones sobre la integridad de conciencia frente a los poderes de este mundo, sobre el protagonismo de las víctimas y la memoria como escenario de la única vivencia realmente humana, así como acerca de la repercusión luminosa y orientadora del arte en la vida de los hombres. Ingredientes que animan sus ficciones y también los apuntes, confidencias y reflexiones de unos diarios que traspasan la pantalla de la inmediatez para desvelar y mostrarnos el meollo de las apariencias. En suma, una obra singular, que admite del lector casi todas las respuestas, menos la indiferencia.