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LA INFINITA e inútil búsqueda de seguridad crea los conflictos. Quién no desea unos días de vacaciones, aunque, después, acaban siendo, por unas razones o por otras, fuente de problemas. O, en todo caso, de discrepancias. Correr detrás de un asidero fiel produce peores efectos que la inevitable incomodidad de saberse frágil. Incompleto, en todo caso. La añoranza de la rutina diaria es buen muestra de la contradicción que se hospeda en nosotros, que de puertas para afuera reivindicamos más tiempo libre, más espacio para nosotros mismos. Luego, cuando llega el inmarcesible tiempo sin obligaciones, aterriza el pánico a construir la propia vida. Huir de la soledad y del silencio es buena muestra de ello. Y eso que la soledad aceptada, cuando no querida, supone una experiencia impagable para dibujar, quizá un mero esbozo, el mapa de uno mismo.

Si una persona normal no lleva bien la falta de seguridad, cualquier desequilibrio de la personalidad puede desembocar en un ser atroz, brutal.... Inmensamente miedoso, tremendamente cruel. Cómo soportar que los demás sean diferentes, que no crean en este u otro dios, esa figura sin la cual no poseo referencia alguna que me alivie de levantarme cada día, de acostarme cada noche. Los demás pasan a ser el enemigo. Y cualquier castigo se entiende como justificado. Y donde se escribe dios no sólo debe leerse religión; cualquier tipo de ideología en la que cada cual haya invertido su necesidad de sentirse amparado... El partido político, sus consignas y viejos dogmas, aunque hayan sido ya aniquilados por la inevitable realidad, sirven también de gatillo...

El terrorismo es la forma más cruel de discrepancia... Terrorismo por religión, por nacionalismo, por la supuesta supremacía de ideas o creencias... El modo sanguinario de huir a través de aniquilar a los demás. La sociedad actual, tan desquiciada, empieza también a mostrar síntomas de odio por razón de género o sexo, así como hacia quienes entienden que si hay un incendio primero deben salir las personas y luego los animales. Nada se salva.

Curiosamente, el amor a lo vivo irracional permite, qué causalidad, relacionarse con seres que jamás van a contradecir tu propuesta vital, por muy egocéntrica, absurda e inmadura que sea. Así se evita el esfuerzo de comprender. Es decir, la verdadera perspectiva de amar.