Libre te quiero
«YA SOY legal». Patricia es una joven becaria latina que casi todos los días nos dedica feliz una entrañable sonrisa cuando llega a la redacción. Una mañana de este agosto excusó su puntualidad para ir a Extranjería. Supongo que para regularizar no sé bien el qué. Y la oí llegar sin levantar la vista con la sentencia de haber recibido no sé qué papel que le daba la condición de legal.
Su comentario -«ya soy legal»- me acompañó durante varios días. No pude quitármelo de encima porque días antes las imágenes de portada del periódico, con cientos de personas procedentes de África intentado sortear las alambradas para entrar en nuestro (¿?) país, me hicieron recordar a estos «ilegales» que buscan un mundo mejor. Como Patricia, aunque ella va renovando cada equis días su legalidad.
Por ese mundo mejor luchó muchos años el salmantino de Lumbrales Basilio Martín Patino, que la semana pasada nos abandonó sin los homenajes que su dimensión ética y su iconoclasta trayectoria sin interferencias mercantiles merecen. Libre te quiero fue su última obra documental, un espléndido reportaje proyectado en la Seminci sobre el aire fresco que trajo un ya devaluado 15M.
El director de Canciones para después de una guerra, Caudillo o Queridísimos verdugos dijo sentirse feliz al rodar, con más de ochenta años, aquellas imágenes de ebullición social en Sol que «forzaron al poder a tomar conciencia de que no se puede continuar así». «Sin duda es mi película más feliz», llegó a decir este fabricante de sueños que narró en vida lo que otros ignoraron, combatiendo de forma inteligente la censura franquista y animando la disidencia con un discurso directo, crítico y transgresor.
Martín Patino puso a su última obra el título de un magnífico poema del zamorano Agustín García Calvo. El vídeo arranca con la canción que interpreta el leonés Amancio Prada. Libre te quiero bien podía resumir el afán humilde de quien ha vibrado combatiendo dictaduras y muros sin distinción de etiquetas.
«Querer es tratar de comprender sinceramente, y comprender implica también la libertad de poder disentir». Fue uno de sus mensajes en su discurso de investidura como doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca. El hombre que filmaba a veces realidades invisibles nunca soportó esos muros que no dejan ver otras realidades que están ocurriendo fuera de esta opulenta Europa. Confío en que su legado comprometido anime ahora a futuros 15M a derribar esas alambradas que dividen a las personas honestas y anónimas entre legales e ilegales.