Pisamoquetas
SUS señorías en las Cortes, aquellos que no tienen asignada una dedicación exclusiva, van a cobrar más por asistir a los plenos. Aseguran que llevan desde 2006 sin que se les suba lo que ganan por sentarse en el Pleno a ver pasar las horas sin hacer nada, sólo atentos a no equivocarse de tecla cuando de votar se trata, y algunos ni eso. Claro que nada dicen de lo que se meten por dietas de kilometraje y asignaciones que la mayoría reciben de sus grupos.
Vaya por delante que están en su perfecto derecho de reclamar el que se les reconozca parte de esa subida que no han tenido a lo largo de estos años, pero más de un 22% suena a querer hacerlo de una tacada. Y todo en un escenario en el que los trabajadores, aquellos que ya no llegan ni a los mil euros, se van a tener que pelear para lograr una subida en sus sueldos que, en el mejor de los casos, no pasará del 2%. Y no es demagogia, señorías. Se trata de dar ejemplo, lo que ustedes no hacen.
Y una vez más no han hecho falta ni mesas de debate, ni reuniones de maitines, ni acuerdos bilaterales, ni nada que se le parezca. Cuando de subirse lo que se meten al bolsillo o de ocupar un puesto en la Mesa de las Cortes se trata, sus señorías olvidan las siglas y se ponen rápido de acuerdo. Y que no vengan ahora con que esos miembros de la Mesa y de la junta de portavoces se bajan el sueldo para equiparárselo al de la presidenta. Lo raro era que cobrarán más que quien está por encima de ellos. ¿De verdad era esto lo más urgente, lo prioritario? Y después se extrañan que el ciudadano les dé la espalda.
Claro que el principal problema de la política es que cada vez más se da la figura de aquellos que lo que buscan es vivir de ella, de la cosa pública. Vamos, quienes no tienen más oficio y beneficio que, precisamente ese, beneficiarse de la poltrona que un día alguien les entregó si mérito alguno.
Son los conocidos como profesionales de la política. Personajes que, lejos de llegar a la cosa pública para servir, se sirven de ella para sus intereses. Y los hay de todos los tipos. Están los que como el gran –ya saben, no lo olviden nunca, sólo por su estatura- Óscar López son capaces de aniquilar todo y a todos por seguir apoltronado. Pero no es el único. Y, luego, aquellos que como Diego Moreno en su infinita humildad aseguran que se van, que dejan la política porque no la necesitan y ya no les aporta, pero que siempre vuelven al olor de los cargos que les prometen ‘líderes’ como Ibán García del Blanco, que por cierto también se habían ido. Es la política del ‘pisamoquetas’ que se ha instalado en el PSOE. Así les va.