Vientos de corrupción
LAS HELADAS de abril retrasaron la deflagración corrupta hasta el primero de mayo, aunque los ruidos eólicos vienen de largo. En esa cesta vivaquean pájaros vernáculos y carroñeros atraídos por el banquete de la buitrera. Sin salir por ahora de la trampa con los vientos, aguardan su desvelo los manejos piratas de la Perla Negra y el pelotazo rústico de Portillo. También hay otros colgantes, que acreditan la voracidad de los encausados, Delgado y Esgueva, integrantes del segundo nivel del núcleo duro de la política autonómica: el que tiene que ver con la gestión de los asuntos económicos.
Sus ordeños de la siembra de molinos eólicos por Castilla y León, a lo largo de seis años, les procuraron un beneficio superior a los ochenta millones de euros. Y eso que el procedimiento articulado fue tan tosco como eficaz. Una triquiñuela declarada ilegal por la Intervención del Estado hurtó la competencia a las delegaciones de autorizar los parques eólicos. A partir de ahí, empezó el manejo a capricho, atascando o acelerando permisos. Al compinche Esgueva le cayó una concesión de 500 megavatios, la misma potencia generada por la nuclear de Garoña. Para traficar con ella. Un acuerdo previo con la filial de Iberdrola le permitió embolsar 47,1 millones de euros en tres años. Pero el negocio no se limitó a Esgueva, que también hubo para la constructora Collosa, empresa asistida en el trámite por distinguidos charlatanes, como Federico Trillo y Vicente Martínez Pujalte.
Después de la fase eólica, Esgueva emergió como coleccionista de subvenciones públicas con el proyecto Desarrollos naturales, radicado en los Torozos, para el que recibió 1,6 millones en 2011, mientras se movía en Ferrari por Miami con Delgado y el conseguidor Esteve, viejo amigo de Aznar. Apagado el espejismo del oasis de los Torozos, que trató de vender sin éxito a sucesivas comitivas cataríes, emigró como constructor a Polonia, en compañía de Martín Giraldo, un descarte de Unifica, empresa encargada de la distribución interior de la Perla Negra.