Derecho a decidir
ES UNA EVIDENCIA que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pretende ahora, con miles de millones de inversión, neutralizar y apaciguar ese creciente impulso independentista que él y su partido han propiciado. Es una evidencia que ha sido el cúmulo de errores a derecha e izquierda los que han contribuido a elevar el llamado derecho a decidir a la primera línea de la hoja de ruta de la mayoría de partidos de Cataluña, una comunidad donde vive el 16% de los españoles. Soy un convencido de la necesidad de una reforma de la Constitución que permita ejercer el derecho a decidir. Sé que esto se entiende mal en nuestra región, pero creo que abrir esas posibilidades y un debate serio sobre sus consecuencias en todos los terrenos rebaja tensiones y centra mejor la solución al llamado problema territorial. Lo que ya me parece una aberración histórica, en la que incurrieron gobiernos de todo signo, es intentar in extremis comprar con inversiones millonarias la voluntad catalana. Es lo que hizo Rajoy esta semana prometiendo 4.200 millones en cuatro años para el ferrocarril del Corredor Mediterráneo. Es de lo que se quejó Herrera el miércoles al advertir sobre los perjuicios de ese favoritismo.
¡Cómo no defender el derecho a decidir de la población! Pero ese derecho está negado en muchos y más importantes ámbitos que hoy resultan más prioritarios. Derecho a decidir sobre el empleo, el salario, la educación, la sanidad, la Dependencia… El empobrecimiento creciente, la desigualdad en el acceso a una formación universitaria, la imposibilidad de muchos de ejercer el derecho a la vivienda, las carencias de servicios sanitarios, el abandono de los mayores… Ojalá existiera el derecho a decidir en todos esos ámbitos.
El derecho catalán a decidir opera a veces como el fenómeno de ETA. Aquellos que presionan con determinadas amenazas logran más. Es lamentable que la izquierda catalana haga piña con parte de la corrupta derecha nacionalista y, como consecuencia, ignore otros derechos de decisión.
El inicio de la desconexión de Reino Unido de la UE y las llamadas a la ruptura de grupos de extrema derecha son preocupantes. Por eso, el fenómeno catalán debe resolverse con equilibrio y sensatez. Los privilegios generan agravios. Rajoy viaja mañana a Valladolid, al Congreso del PP. Algo tendrá que decir de unos Presupuestos que han consolidado desigualdades históricas e ignorado en demasiadas ocasiones a las regiones más pobres. El derecho a decidir exige hoy más que nunca ordenar prioridades.