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QUIENES jalean sin pudor estas disputas, de cuyo resultado siempre esperan sacar provecho, van mostrando la patita apenas esbozado un proceso que culmina este viernes. En esa proclama de afinidades, los hay intrépidos, como el presidente popular segoviano que tuteló al infame Gómez de la Serna, que no esperan a que comience el partido para pregonar sus preferencias. Y los hay taimados, como el irredento Lucas, incapaz de mantener su obligada neutralidad, quien en el primer cruce ya expresó su apoyo a Mañueco. La relevancia de estas primarias deriva de que el elegido será candidato y muy posiblemente presidente de la Junta de Castilla y León en 2019. Si no fuera más que otra disputa partidaria, allá ellos con su refriega. Pero lo que se juega mañana en la votación popular entre Silván y Mañueco, tiene una especial relevancia.

Porque más allá de la máscara de tartufismo que la organización popular adopta ante el proceso, explicable en un partido que carece de precedentes en dirimir votando modelos distintos de intervenir en la vida pública, conviene no picar el anzuelo y situar a cada cual en su órbita. De hecho, el destape de posiciones lo emprendió Maíllo desde Madrid, al anticipar a sus portavoces mediáticos diez días antes lo que finalmente ocurrió. Más tarde, los soplos confirmaron el apeo de Herrera, al no permitirle su comensal Rajoy en Medina disponer la sucesión en el partido y en la Junta. Resulta chocante que Rajoy, en esa tesitura, haga prevalecer el criterio de dos acreditados perdedores, como Cospedal y Maíllo. Una, apeada por los electores del gobierno manchego; y el otro, elevado al tercer puesto del podio popular, después de haber perdido como presidente del partido en Zamora las alcaldías de la capital, de Benavente y de Toro. Lo que no pertenece al recorrido partidario son actuaciones como las habidas en la barra libre del ahorro. Y si miramos al futuro inmediato, resaltan las trabas y reticencias al proceso de Ordenación del Territorio, imprescindible para garantizar servicios públicos dignos a quienes viven en el desamparo rural.