EDITORIAL

Investigación forzada que es obligado sea transparente

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EL OBISPADO DE Astorga por fin da un paso al frente y decide investigar los casos de abusos a menores, denunciados en el Seminario de La Bañeza y en el colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria.

U

na investigación que, eso sí, ha tardado en abrir, lo mismo que el obispo Juan Antonio Menéndez en dar la cara y no esconderse tras un escueto comunicado, y que llega forzada por la aparición de nuevos casos y más que pudieran conocerse y por la presión social que se demostrará mañana con la manifestación por las calles de Astorga, a las puertas de Obispado.

El obispo de Astorga lleva meses resistiéndose a comparecer, a dar explicaciones, a salir al paso y, sobre todo, a denunciar sin ningún género de dudas los abusos a menores que, según denuncian varios ex alumnos, se produjeron en el seminario bañezano y en el colegio sanabrés. Las víctimas, sus familias y la sociedad exigen que se se investigue y que se actúe.

No vale cruzarse de brazos. Y ahora, una vez que se ha anunciado que se abrirá una investigación, ésta no puede ser para tratar de tapar y ocultar lo que sucedió. El Obispado, con el prelado que lo dirige a la cabeza, tienen que demostrar que van en serio. Aquí no sirven ni fuegos de artificio, ni operaciones de maquillaje para tratar de distraer lo que tiene que que ser el único objeto de la investigación que se acaba de anunciar: destapar todos y cada uno de los casos de abusos a niños que se hayan podido producir y a aquellos curas que los cometieron.

En este punto, poco o más bien nada importa si eso sucedió hace diez o veinte años. Como tampoco puede ser relevante si el delito penal ha prescrito ya. Quizás haya pasado ya el tiempo de imponerles una sentencia penal, pero lo que no ha prescrito es la condena, el castigo y la repulsa que merecen de la Iglesia y de la sociedad en su conjunto.

Los hechos que se van conociendo, por boca de aquellos que los sufrieron cuando eran niños y que los callaron por temor, son de tal magnitud y gravedad que no se entiende por qué el Obispado de Astorga y su obispo han permanecido tanto tiempo callados y ocultos. Actitud que se comprende aún menos si se compara con lo que demanda, con lo que exige el Papa. El mismo que, por cierto, obliga a la Iglesia a ser transparente. Exigencia que hace suya también el presidente de la Conferencia Episcopal, el arzbispo Ricardo Blázquez.

Ese el camino que debe seguir Juan Antonio Menéndez y el Obispado, el que le viene trazado por el Papa y Blázquez, el de la transparencia. Esta investigación que acaba de anunciar, forzado por la presión social y las nuevas reveleaciones de más casos, no puede servir para tapar los abusos a menores, como hasta ahora se ha hecho. Debe ser transparente y arrojar luz.