Un plan que da garantía de futuro
LOS SINDICATOS Y Renault acaban de sellar el acuerdo que permitirá poner en marcha el Plan Industrial de la multinacional del rombo en las plantas de Valladolid, Palencia y Sevilla.
A falta del refrendo de las asambleas, que tendrán lugar este fin de semana en las diferentes fábricas, el sí dado por los sindicatos mayoritarios y la empresa supone todo un aldabonazo para el futuro.
El acuerdo, que evidentemente no puede dejar contentas al 100% a las partes, significa dar garantía y viabilidad de cara a los próximos cuatro años. Los sindicatos los llevan incluso más allá.
Independientemente de aquello que les haya podido dejar insatisfechos es el momento de olvidarlo y remar en la misma dirección. Desde estas mismas páginas se defendió, a lo largo de los más de dos meses de negociación, el que todos dejaran a un lado aquello que les dividía, mostraran capacidad de diálogo y pudieran certificar un acuerdo de garantías, que es justo lo que parece que se ha logrado.
Eso sí, no se pueden bajar los brazos. Es necesario estar vigilantes, la Administración incluida, para que que se vaya dando cumplimiento a todo lo pactado. Entre otras cosas, porque parece claro que lo que ahora se firma se hace de acuerdo a un plan industrial perfectamente estudiado y diseñado. Y, por tanto, poco o nada expuesto a cambios futuros.
Y en ese obligado control, intrínsecamente ligado a la exigencia, se tiene que circunscribir el reclamar desde ya el nuevo vehículo para la planta de Valladolid. O, cuando menos, la previsión de en qué momento se tiene previsto iniciar su fabricación. No sería deseable ver transcurrir el tiempo y los años y, por mor a esa estrategia empresarial comprensible a todas luces, no se diera un paso al frente de garantía, al menos, sobre en qué plazo de tiempo entrará ese nuevo modelo en la planta vallisoletana.
Los trabajadores en las asambleas tienen que conocerse lo grueso del acuerdo. Pero no solo, es necesario explicarles hasta el más mínimo detalle, esa letra pequeña que a veces juega malas pasadas.
Lo que acaban de hacer los sindicatos y Renault es, de nuevo, un ejercicio de responsabilidad y una demostración de la capacidad de diálogo y, lo que es más importante, de las ganas de trabajar por lograr un acuerdo. Un esfuerzo que, ahora, tiene que redoblarse en que unos y otros, sindicatos y empresa, se comprometan a no dar un paso atrás en esa garantía de trabajo y de producción de futuro que se acaba de conseguir con este acuerdo hasta 2020.