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ANTES de ponerme a escribir esta columna he revisado bien mis cuentas de Twitter y de Facebook, y he pedido un certificado de penales por si los nuevos campeones de la moralidad piden mi destitución fulminante. En las redes sociales no he encontrado nada ofensivo que pudiera dañar demasiado a los nuevos indignados. En la segunda sí; pero ningún procesamiento acabó en condena. No daré más pistas no sea que algunos malos perdedores del 24-M, esos de la doble moral, la lupa desigual o la denuncia del «guerra-civilismo caduco», escarben y manipulen los fallos judiciales a su antojo con ese rencor de última hora.

Antes de ponerme a escribir esta columna he leído, repasado y recordado numerosos chistes y declaraciones infumables de políticos que suponen claras vejaciones a mujeres, a víctimas de los terrorismos nazis, etarras o franquistas, a madrileños, a catalanes, a pobres, a mendigos, a ricos… Y me he dado cuenta de qué pocos de sus autores han dimitido... hasta ahora. Atención, hay altos cargos de los gobiernos autonómicos de los últimos años y concejales del PP muy hábiles en contar chistes de este tipo. -¡Menos mal que soy un soso y no he contado uno bien en mi vida!-; que se aten los machos.

Esa «revolución en los ayuntamientos» que, según este periódico, ocurrió el sábado de la semana pasada en España se ha cobrado ya la primera víctima en el Ayuntamiento de Madrid. ¡Bienvenida la dimisión parcial de Zapata, el edil de Cultura de Madrid, por sus comentarios ofensivos de hace cuatro años y por sus reproducciones desagradables de chistes malos! ¡Bienvenida esta exigente retroactividad del nuevo modelo de indignación impuesto a Carmena!

Bienvenidos porque el PP supera ya a Podemos en el nuevo código ético. Auguro que en breve dimitirán muchos contadores de chistes y se impondrá una nueva moral pública donde los partidos de la corrupción, alegando ese maldito humor negro, tumbarán gobiernos para impedir estrategias de sentido común contra los desahucios, para evitar que los escolares malnutridos coman, para combatir que servicios públicos esenciales dejen de ser negocios…

La revolución ya está aquí. Acabo de matricularme en una escuela de contar chistes. Hay magníficos profesores. Pueden imaginar quiénes son. Algunos siguen activos en política. Así nos va. «Se juntan un político y un especulador y le pregunta el primero al segundo: ¿has visto que el número de ricos ha crecido en España un 40% desde 2008». El especulador le responde: ¿Sólo un 40%?». De chiste, pero (insisto) no tiene gracia.