Desiderio Sastre, frente a la Bodega Vilano, en Pedrosa de Duero.-

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Redacción de Valladolid
Valladolid

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La bodega de Pedrosa de Duero, fundada en el origen cooperativo de la Ribera, vuelve a remontar el vuelo y afronta el mercado de los años 20 del siglo XXI con un nuevo reto. Un nuevo vuelo del vilano. Desiderio Sastre, con una dilatada experiencia en el mercado exterior, lleva más de dos décadas al frente de la que fuera una de las cooperativas burgalesas que más incidencia tuvo en el despertar de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Precisamente, la savia, la esencia de la actual Bodega Vilano es la de seguir contando con los nietos y descendientes de aquellos viticultores que hace 61 años, un día de agosto de la añada del 57, decidieron trabajar todos juntos sus viñas. Fueron sesenta y seis y, entre ellos, estaban apellidos que hoy forman parte de la historia de la DO: Pérez Pascuas, Rodero, Páramo, Sendino… Para Desi, esta es la verdadera «esencia de Ribera», porque lleva implícito, no solo el factor humano de quienes crearon la bodega, sino también sus viñas; sus viejos vasos, y lo que hoy denominamos terruños, pagos, espacios reducidos donde la viña se expresa con singularidad.

«Afrontamos los próximos años 20 con la garantía de nuestro mejor patrimonio», asegura Desi, que sabe que el verdadero bastión de la bodega es contar con 300 hectáreas de viñedo propias y más del 50% de ellas con edad superior a 70 años.

Lo mejor de todo es que las viñas y, en consecuencia, las uvas de calidad que llegan a los lagares, proceden no solo de viejos viñedos, algunos de ellos históricos. También, de términos de larga tradición vitivinícola en la Ribera. Muchas, de viñedos propiedad de los socios que hoy no solo se localizan en Pedrosa de Duero, también en Villaescusa, Anguix, Roa, Peñafiel, La Horra o Boada, entre otros términos.

Desi Sastre asegura que el cambio de imagen, con el que se afrontan los próximos años 20, tiene una clara vocación de futuro y de continuidad, pues la imagen de la bodega ha ido transformándose desde su creación. De aquella Virgen de Fátima a la que rezaron los fundadores se pasó al Viña Vilano, que era un canto a un pago propiedad de un socio y situado en el término municipal de Pedrosa de Duero.

Ahora, el Vilano ha levantado el vuelo con un nuevo reto: acentuar en todos los parámetros que exige el mercado del vino. Aquí interviene el nuevo criterio en viticultura y en elaboración que, bajo la dirección del enólogo José Carlos Álvarez, que asesora y diseña todos los vinos, se está llevando a cabo con escrupulosa precisión. Álvarez asegura que en estos momentos Bodegas Vilano puede afrontar con absoluta transparencia la apuesta por la diferenciación, pues todas las viñas de la bodega han pasado por un estudio del que se extraen conclusiones sobre la edad del viñedo, las prácticas culturales que se siguen, las características de los suelos… En definitiva, una zonificación que permite en la vendimia decidir dónde, cuándo y qué uva debe ser recolectada, para elegir después a qué vino va a ir destinada. Sin duda, esa es la conducta que hoy está marcando no solamente a las bodegas punteras, sino a las propias denominaciones de origen. Y en la Ribera del Duero, según Desi, es algo que debe caracterizar a todas las bodegas que elaboran vinos de calidad.

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El esfuerzo realizado en los últimos años, con una presencia notable en exportación -más del 50% de la producción de botellas comercializadas en el exterior- garantiza que en los próximos años los “vilanos” sigan volando alto. Los vinos Terra Incógnita, el más selectivo de la casa; la línea de los Vilano; La Baraja y Viña Vilano, que responden a dos pagos históricos, y la gama de los rosados, cuentan con buena aceptación en el mercado nacional. José Ignacio Rico, responsable de la comercialización, añade que el actual Vilano es, además, profeta en su tierra.