Publicado por
Javier Pérez Andrés

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Hemos perdido la esencia y el rumbo de una manera alarmante. Hoy nos cuesta sostener la bandera de esos establecimientos que ofrecen mesa y habitación. Lo que toda la vida de Dios fue aquel cartel escrito en la fachada que rezaba: ‘Comida y cama’. Casualmente, todas aquellas pensiones, ventas, ventorros, paradores y fondas que daban comida y cama forman parte del arcano cultural de la cocina rural de esta región. En esos lugares, hoy prácticamente desaparecidos, a poco que se investigue aparecen los mejores fondos, las salsas más precisas y las hierbas y especias que hoy algunos creen haber descubierto ahora. Fundamentalmente, en el medio rural, el hospedaje es el complemento ideal del restaurante. Entre los muchos errores que ha cometido la hostelería de nuestro país, y de nuestra región en particular, ha sido alejar del establecimiento su cocina. «Solo damos desayunos y tienen que ir a cenar y a comer fuera…», te dicen. Es una opción, pero es una pena. Ahora nos va a costar mucho que el turista del siglo XXI asocie una buena comida a un hostal o a un pequeño hotel rural. Esta es una de las claves si queremos dignificar la cocina rural en Castilla y León. Nos hemos complicado excesivamente las cosas. Hemos querido sorprender al comensal con filigranas y comida al vacío, y solo recibimos un «me gusta», un «qué bien hemos comido» o la descripción literal del plato en los comentarios de TripAdvisor. Las cocinas han perdido el nombre propio y las paredes, las viejas fotos y los versos de los poetas que acentuaban el sabor del local.

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