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MANUEL CENTENO
Valladolid

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Llegados a este punto, es el momento de ser inteligentes, mantener la cabeza fría y saber navegar en aguas tempestuosas. Ahora mismo da igual qué alineación diseña Sergio para comenzar el partido, a quién coloca en qué posición o qué cambios hace; en realidad no da igual pero quiero decir que debemos centrarnos en otra cosa bien distinta a lo habitual, ayudando a que el equipo compita y gane. Pero ojo, cuando digo competir, quiero decir 96 minutos, algo que hasta el momento no hemos visto en este Real Valladolid porque cuando empieza mal como en Vitoria, termina bien o casi arreglando el mal arranque pero cuando comienza bien no aguanta hasta el final y concluye mal, como con el Getafe.

Necesitamos un partido redondo, de principio a fin, un encuentro que acabe con los tres puntos en el zurrón y que regenere la confianza de los futbolistas y de la afición en general, que se debate entre creer que la permanencia es posible o quien ni con un milagro por Semana Santa confía ya. Da igual todo, no debemos desgastarnos en pensar más que en ganar al Girona este martes, como sea, en el minuto que sea pero con once gladiadores en el campo, se llamen como se llamen y jueguen donde jueguen. Todo lo demás son distracciones que benefician al rival y ojo, llegan con Eusebio y Onésimo al frente; acuden a Zorrilla en un muy mal momento pero son enemigos íntimos, nos conocen muy bien, no sólo me refiero al equipo, también a la afición, al ambiente de Zorrilla, al estado de la ciudad. Todo eso hay que derribarlo en el pitido inicial, someterlos a una guerra sin cuartel en la que no esperaban estar y en la que nosotros sabíamos que íbamos a estar antes o después, por tanto, saquemos partido de ello.

En situaciones de estrés, de agobio, cuando el miedo a perder nos hace perder como diría Paulo Coelho, los errores se multiplican porque luchar contra el miedo, desgasta; sin embargo, al miedo hay que aceptarlo como compañero de viaje, aceptarlo para evitar su perjuicio. En la jornada de este sábado, el Rayo Vallecano y el Huesca tuvieron miedo y solo se soltaron al final, cuando ya vieron todo perdido. Ahí llegaron las mejores ocasiones pero el punto es insuficiente para ambos. En el Real Valladolid deben aprender esa valiosa lección, por encima de alineaciones, nombres, lesiones, cambios o sistemas, lo único que vale es competir sabiendo aceptar el miedo e impidiendo que atenace sus piernas a la hora de rematar, los brazos a la hora de despejar o que acalle las voces en la grada ante las acometidas del rival.

Es el momento de agruparse, de hacer piña como en La Romareda la pasada campaña y defender la plaza de esta ciudad en Primera División porque depende de todos y cada uno de nosotros. Los tres puntos han de quedarse en Zorrilla y eso es innegociable, tanto que nadie podrá decir o argumentar lo contrario. Lo que es nuestro se queda aquí. Y punto.

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