Ridículo antes del éxtasis

El Recoletas vuelve a mostrar su cara más oscura en Huerta del Rey y tiene que esperar a un gol salvador a falta de dos segundos para el final para doblegar al colista Alcobendas

Adrián Fernández, gris ayer, se abalanza en ataque sobre el jugador de Alcobendas, Velasco.-REPORTAJE GRÁFICO: M. A. SANTOS

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Guillermo Velasco
Valladolid

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El Recoletas Atlético Valladolid volvió a exhibir en casa su lado más oscuro aunque le valió esta vez para sacar adelante su partido ante el colista de la categoría Alcobendas.

El conjunto de Pisonero tuvo que contener la respiración para cantar victoria. De forma incomprensible y casi difícil de explicar el Alcobendas no solo también fue capaz de subírsele a las barbas sino que coqueteó durante muchos minutos con la victoria e incluso con 14 segundos para el final tuvo un punto en sus manos. Pero un gol salvador ‘in extremis’ a cargo del extremo Dani Pérez puso el definitivo 25-24 en el marcador. Un triunfo agónico que derivó en el éxtasis final en un equipo que lo celebró, junto a su paciente afición, como si hubiese sido la mismísima Copa de Europa. No era para menos. Como si fuera ya una tradición el colista también logró sacar en Huerta del Rey los colores a un Recoletas incapaz durante muchos, demasiados minutos, de mostrar su más que evidente superioridad.

Los gladiadores volvieron a tocar fondo ante un rival casi condenado y abocado de salida al descenso. Un Alcobendas en el que manda un ex Recoletas como es Alfonso de la Rubia, veterano entrado en años y en kilos pero cuya varita sigue siendo capaz de dirigir a un buen nivel (al menos por lo demostrado ayer) a un equipo con las cartas marcadas a ojos de todos.

La ansiedad sigue maniatando al Recoletas, caricaturizado y que parece haber olvidado el balonmano osado y brillante de principio de campaña o ese balonmano que le ha llevado a sumar puntos lejos de casa. Pero la pregunta es obligada. ¿Qué le pasa en Huerta del Rey? Su bloqueo no solo afecta a muchos, casi todos, los jugadores de la plantilla, autopresionados y con el miedo y las dudas visible en sus caras, sino también a su banquillo, donde Pisonero, erre que erre, sigue apostando por jugadores que no solo no suman sino que restan pese a las mil y una oportunidades. Quizás el único acierto que tuvo Pisonero en todo el partido vista la incapacidad del equipo para doblegar a un rival tan inferior (pero valiente y tremendamente honesto, eso sí) como el Alcobendas, estuvo en su agilidad para solicitar tiempo muerto cuando el Alcobendas logró de forma incomprensible rehacerse en el sprint final pasando de un 23-20 a falta de siete minutos a empatar a 23 goles con 14 segundos para la conclusión. Ese tiempo muerto propició el juego de continuidad en la última jugada para que llegara el balón a Dani Pérez, minimizara el ridículo y certificara el éxtasis de todo el equipo con el definitivo 25-24.

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No pareció importar los apuros vividos a lo largo del partido con desventajas que llegaron a alcanzar los cinco goles (8-13), ni incluso la pobre imagen mostrada por el juego obtuso del equipo. Los dos puntos cayeron a la saca. El cómo, por la forma de festejar el triunfo, no pareció importar. Mientras en el otro lado, los jugadores del Alcobendas, en pleno festejo local, se derrumbaban ahogados por sus lágrimas de impotencia y posiblemente de injusticia sobre el parquet de Huerta del Rey. El buen partido de su portero Patotsky o el de De la Rubia, por ejemplo, no valieron para nada (25-24). Por fortuna.