CARRAMIMBRE
Colorín, colorado
El Carramimbre pone punto y final a la temporada al no poder forzar el cuarto partido ante un CBPrat superior y con mayor fondo de armario
Wade-Chatman, en una lucha del ‘yo contra todos’, penetra ante la oposición de Emanuel Cate.-M. A. SANTOS
... Y el Carramimbre despertó de su sueño al no poder sortear el muro de la lógica. Una lógica irrefutable donde su rival, CBPrat, demostró con creces el porqué de su segundo puesto en la fase regular solo por detrás del campeón y ascendido Breogán.
Para forzar un cuarto partido hacía falta mucho más que corazón. Necesitaba rozar un partido perfecto en defensa (estuvo muy cerca de hacerlo) y en ataque, donde mostró una más que alarmante dependencia de los lanzamientos de Gantt, extremadamente vigilado en la tarde-noche de ayer y de un Wade-Chatman que no dudó en echarse el equipo encima al más puro estilo ‘playground’. Pero la anarquía del joven base americano, posiblemente en su último partido con la camiseta del Carramimbre Ciudad de Valladolid, condicionó y, mucho, la forma de jugar de un conjunto vallisoletano marcado por su elevado estado de ansiedad.
En el partido de ayer se tenían que dar todas las sinergias posibles. La primera que la ciudad respondiera a su tímida (porque sigue sin saber vender su producto, su buen producto) llamada con apenas 2.000 almas, que aunque intentaron calentar el partido cuando lo requirió, en poco o en nada se pareció a su puesta en escena el pasado año en los playoffs de la LEB-Plata. ¿Qué falló? Una pregunta para el análisis y la reflexión aunque está claro que hay todo un mundo entre una y otra categorías.
Porque nadie duda que el Carramimbre lo dio todo ayer sobre la pista aunque es cierto que en esta categoría, cada vez más demandante de calidad, a alguno le queda muy, muy grande. Basta con ver los números, basta con ver el fondo de armario de uno y otro equipos. y su productividad.
Paco García volvió a plantear un partido desde la trinchera. Defensa por encima de todo y ralentí en busca de la aparición, la codiciada aparición de una muñeca caliente, de Reyes, de nuevo en estado de shock; de Gantt, con un perro de presa sobre él en cada acción; de un invisible Hopfgartner, especialista del rodillo encima de la bicicleta estática para prepara el Tour; de Graham-Bell, invisible antes de caer lesionado en un tobillo para desaparecer por completo...
Paco García lo probó todo. Con defensas zonales (1-3-1, 2-3, 1-2-2...) puso en dificultades a un CBPratt en el que brilló su diamante todavía en bruto Emanuel Cate, letal en la pintura y con un triple (pese a que no es lo suyo) decisivo que aplacó el último y baldío intento de remontada del Carramimbre.
El problema, como ocurrió en la segunda batalla de esta serie al mejor de cinco no estuvo en defensa sino en ataque. Con los faros de dirección esta vez fundidos, con un Alvarado que intentó hacer más de lo que puede y de lo que sabe, el Carramimbre se movió a base de espasmos siempre a rebufo en el marcador. Solo su buena salida tras el descanso tirando de raza hizo pensar por un momento en un cambio de guión (42-43). Pero solo fue un momento porque el aro seguía cerrado para unas ardillas condicionadas por las prisas y por su elevado estado de ansiedad.
El Carramimbre chocaba contra un muro. Un rival en el que cuando no esta fino alguien (ayer por ejemplo Blanch, el brazo ejecutor del segundo partido, o Agada), aparece otro. El gigante Andriuskevicius hizo muchísimo daño, al igual que el mencionado Cate, la siempre exquisita dirección de Josep Pérez o el saber estar por galones de Saúl Blanco.
El Carramimbre remó y remó contra marea. Tampoco los colegiados le ayudaron lo más mínimo para engancharse al partido para intentar forzar el cuarto partido de mañana domingo. La mejor defensa de la LEB-Oro hacía mella en los tiros lanzados por un Carramimbre con demasiadas prisas, por un equipo que volvió a perder la batalla del rebote. Y es que cuando a un adversario como CBPrat le das diez opciones para lanzar de nuevo, se convierte en una desventaja demasiado clara.
Pratt mandó de principio a fin. Desde el arranque (7-20), a las escapadas en el segundo acto (22-31) o el cuarto y último periodo (45-55). Hacía falta mas que alma para un Carramimbre que se desgañitó para morir y formar el colorín colorado hasta la temporada que viene.