Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Le aseguro que no escribo esta opinión bajo el efecto de sustancias estupefacientes, ni tras la más mínima ingesta de alcohol. También le prometo que sé contar, al menos hasta tres, de forma que conozco el resultado y el número de puntos que obtuvo el Real Valladolid en Palma. También percibo lo que supone para un equipo que llevaba un punto de los últimos nueve. Pero no me gustó el partido.

En el caso de que ni técnicos ni jugadores procesen bien lo que ocurrió ante el Mallorca, lo obtenido será pan para hoy y hambre para mañana. Puede ser uno de esos encuentros trampa que ofrezcan la felicidad instantánea sin preocupaciones, como los elixires de los viejos buhoneros. Adentrarse en esta línea conduce a la melancolía.

No estoy loco. Los puntos son fundamentales, pero lo es aún más armonizar un equipo base y un estilo de juego que hoy por hoy siguen sin existir. Es mejor plantar una tomatera que asegure alimento, antes que pillar un tomate a la carrera para saciar el hambre y, después, Dios proveerá. Lejos del resultadismo y del afán tribunero, lo digo el día que el Real Valladolid ha logrado su mayor goleada.

Pero... ¿cómo la ha escrito? Por la pegada individual y ante un rival vaporoso, etéreo como un fantasma. Un aspirante a la nada. Es cierto que el contrario no se elige, pero el catálogo de chollos que presentó el Mallorca no son propios ni de un hipermercado en liquidación. Tampoco hay que olvidarlo.

La cuestión es que dos jugadores que pasaron de puntillas por el partido, Álex López y Míchel, fueron quienes cerraron el marcador. Destacaron por su calidad en la definición, no por el trabajo para el grupo. Excepto el cambio de juego de Míchel en el primer gol, apenas aportaron nada.

Lo que sí hubo fue lectura del partido por parte de Herrera. El 4-4-2 inicial, con Jordán un poco por detrás de Jose en el ataque, fue estéril en la contención. El Mallorca se hizo dueño de la primera parte pero arriba no tiene dinamita, sino fuegos artificiales. Brandon fue una isla de creatividad en el conjunto balear. El Real Valladolid se metió muy bien en su rol pasivo.

La segunda parte trajo un 4-1-4-1 que ahogó la salida de juego mallorquinista al juntarse Jordán con Míchel y Álex López, los invisibles junto a Leão en la primera mitad. El gol, en la citada apertura de Míchel y el excelente servicio de Jordán a Jose, fue decisivo. Todo apuntaba a que quien marcase primero se llevaría el partido, y fue el Valladolid. El Mallorca se vio obligado a dejar espacios. Esto, unido a su inoperancia en ataque, permitió la goleada. El Pucela de la escasa efectividad dio paso ayer al de la puntería perfecta: tres tiros a puerta, tres goles.

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Horas antes, en los Anexos, Anuar daba una nueva clase de fútbol. Como contra la Real, que no es el Escalerillas. Pero en el club parece que no le ven. Deseo, por nuestro bien, que sin tardar mucho se quiten el antifaz.