TRES SEGUNDOS
Palencia y el ejemplo de los pies en el suelo
De puntillas y sin hacer ruido el baloncesto palentino, como antes hiciera el burgalés, demuestra que el trabajo desgasta pero pule y abrillanta. Un trabajo para llegar, desde la humildad, a lo más alto, a cotas inimaginables tildadas desde Valladolid años atrás como totalmente utópicas. Porque ¿quién pensaba que Burgos pudiera lograr hasta en tres ocasiones el ascenso a la ACB? Porque ¿quién se imaginaba que un club con apenas 15 años de historia salido de un patio de colegio (Maristas Castilla) fuera capaz de desafiar a los muros de la lógica ascendiendo de la EBA a la LEB Plata, de la LEB-Plata a la LEB-Oro y de la LEB-Oro a la ACB? Muy posiblemente nadie. El Quesos Cerrato de Palencia, como hiciera el Autocid de Burgos los tres últimos años, no hace sino lanzar con su meritorio ascenso a la Liga Endesa, aunque no se llegue a producir en los despachos por las abusivas y desproporcionadas exigencias (ya sufridas por Burgos) de la ACB, un mensaje a navegantes en Valladolid, una plaza que no fue capaz de mirarse en el ombligo construyendo sin sentido castillos en el aire para presumir de una clase, la aristocracia del baloncesto español, que no podía costearse.
El Quesos Cerrato de Palencia confirma que los proyectos se construyen desde los cimientos y no desde el tejado (sirva desde aquí un mensaje para el novato e impetuoso CB Ciudad de Valladolid). Un proyecto, el palentino, digno del mejor monumento. Un proyecto con nombres y apellidos con el presidente Gonzalo Ibáñez y el gerente Raúl Villagrá a la cabeza. Un club que camina con los pies en el suelo y que nunca pretendió volar sabedor de que las alas solo están al alcance de unos pocos, los llamados ‘ricos’, una clase por otra parte en claro estado de extinción en el baloncesto.
Pero con el ascenso del Quesos Cerrato me viene a la memoria el recuerdo de un palentino y gran amigo que también puso con sus enorme entusiasmo su granito de arena en la eclosión del club. Me refiero al tristemente desaparecido Rafael Izquierdo. Hace siete años, cuando un cáncer se lo llevó por delante, Palencia celebraba por todo lo grande el ascenso a la LEB-Oro brindándole con el pabellón en pie dicho logro. Los caprichos del destino quisieron que el mismo día de su muerte, un 8 de abril, Palencia ‘su’ querida Palencia, tocara el cielo con los dedos con ese ascenso a la ACB grandioso e inimaginable.
Un club modélico que supo gestionar como pocos el handicap de perder en plena campaña a uno de sus mejores jugadores, Blanch o a su primer entrenador y ‘fetiche’ Porfi Fisac, fichado por el GCB Bruesa de ACB. El club no se puso nervioso, hizo caja por su ‘coach’ y confió todo al segundo entrenador, Sergio García. Todo un acierto.