Publicado por
Beatriz S. Olandía
Valladolid

Creado:

Actualizado:

Poner la primera palabra a un relato, una novela o un discurso... es siempre lo más complicado. Romper esa barrera entre la página en blanco, el silencio, tan reconfortante y adecuado a veces, y una cascada de palabras e ideas, en ocasiones tan erradas como irreflexivas, debería ser deporte de alto riesgo. Porque hablar es fácil, dialogar lo es mucho menos y reflexionar... a veces se convierte en un imposible. Por eso en muchas ocasiones es preferible la imposición y el golpe en la mesa, porque cuando uno abre la puerta al diálogo y la participación, puede que entre en un bucle sin fin y se encuentre con que es peor el remedio que la enfermedad.

La concejalía de Deportes, fiel al espíritu de su titular, decidió que eso de repartir los dineros de todos entre los clubes de la ciudad era una cosa lo suficientemente importante y seria como para consensuarlo, debatirlo y establecer ciertos criterios que dejen poco margen al capricho y las simpatías personales. Una costumbre llamativa en esta ciudad y que, especialmente en el caso de los concejales de Valladolid Toma la Palabra, les ha granjeado más de un chascarrillo en los círculos periodísticos. Porque se discute y se vota todo, y a eso no estábamos acostumbrados.

En el reparto de los dineros a los clubes de la ciudad ha surgido una bonita paradoja: el Balonmano Aula Cultural, que hasta ahora venía cobrando de las arcas municipales unos siete mil euros, ha torcido el gesto al comprobar la subvención con la que contarán en 2016. La cuantía, lejos de reducirse, se multiplica hasta llegar a los 51.000 euros. Pero reserven la carcajada para cuando les cuente que de aquel dinero que recibían en anteriores ejercicios debían revertir al propio ayuntamiento unos ocho mil por el uso del pabellón. Es más, incluso el propio club trasladó al consistorio la cifra con la que podrían afrontar sus gastos... y era sensiblemente inferior a la cantidad final.

Nadie duda que las chicas del balonmano se merezcan esa nueva cifra, de hecho, resulta escandaloso comprobar la situación económica a la que se les obligaba antes. Por eso se raya ahora en el esperpento, porque a nadie se le puede negar el derecho a la pataleta, a luchar por lo que cree que es suyo, a mirarle el diente al caballo... pero se echa de menos cierta coherencia. Hasta ahora, y podemos imaginar las razones, se permanecía en silencio por lo que pudiera pasar. Y no, no es preferible. Pero tampoco parece justo que lo que hasta este momento era una sumisión casi absoluta ante las decisiones del Ayuntamiento, una resignación cuasi cristiana ante la divina providencia municipal, se torne ahora en un regateo poco razonado, un cacareo fuera de lugar que deja en evidencia los silencios pasados y pesados.

Cargando contenidos...