Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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El Barcelona B es el Real Valladolid en superlativo. Para lo bueno y lo malo. Los blanquivioleta son técnicos, con clase individual y gusto por el juego de toque. Los azulgrana, aún más. Los blanquivioleta son fríos, viven sus partidos con lagunas y cuentan con muchas dificultades para rehacerse de los reveses. Los azulgrana, aún más.

La diferencia entre ellos la marca el futuro. El blanquivioleta, con todos sus vaivenes, es coral y se llama ascenso. El azulgrana es individual. Desde hace tiempo ha desconectado como colectivo para buscarse cada uno equipo para la próxima temporada.

En este duelo de espejos ganó quien mejor supo entender la labor grupal. La victoria castellana fue justa por juego, ocasiones, dominio y actitud. Pero que nadie piense que el triunfo es extrapolable a la promoción (no les voy a engañar con el ascenso directo). El Real Valladolid no se encontrará con un contrario tan mollar entre ninguno de sus tres posibles rivales. Y su problema reside en que estos olerán la sangre que el párvulo cachorro culé fue incapaz ni siquiera de atisbar.

El encuentro comenzó muy intenso de ritmo con bien fútbol coral y reiteradas ocasiones visitantes, coronadas por el autogol de Gumbau. Pero al cuarto de hora se pasó de ir en sexta a tercera. La brutal disminución del ritmo no sirvió para que al menos los de Rubi protegiesen su portería y el marcador, sino todo lo contrario. Consintieron que el encuentro se abriese, una circunstancia con la que no tenían nada que ganar.

Esa incapacidad de cerrar el partido pasó factura con el empate. Y se ganó por dos goles de clase. Hernán, enorme, rescató la tranquilidad. Ya a favor de obra, Jeffren redondeó el marcador con otro golazo.

Pero hay que ver más allá del merecido 1-3. La gran cantidad de disparos ante el portero o últimos pases fallados puede pasar factura en la promoción. Pero más aún puede hacerlo un equipo que, con muy poco, se desguarnece como el blanquivioleta ayer en el Mini Estadi. La suerte es que mientras otros disparan con misil, el filial lo hace con tapón de corcho.

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Cerrar la portería y saber preservar la ventaja es vital en una promoción. 39 jornadas después, el Real Valladolid aún no sabe hacerlo y debe fiar su suerte a los destellos de clase de sus jugadores. De los que salen, por supuesto. Ayer Sastre penó sus buenas actuaciones con el banquillo, como Rubio tras jugar contra el Numancia. Óscar, sin ellos dos, fue una sombra. Pasa de conectar con fibra óptica hacerlo con cordel cuando atrás tiene a Leão y Timor. Los pucelanos juegan a impulsos. Normal cuando el once es un tiovivo.