Jorge Gil indaga en Valladolid en el simulacro de una identidad ficticia

El artista oscense presenta en la Galería Javier Silva ‘El otro yo’, con la que invita a reflexionar sobre cuánto de lo que creemos propio de nuestro ser resulta una imposición exterior

Jorge Gil posa junto a varias de sus obrasJ.M LOSTAU

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Valladolid

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Cuatro grandes criaturas rodean al visitante que entra estos días en la Galería Javier Silva. Inmóviles, parecen escrutar con la mirada fija al espectador, paralizado en mitad de la sala. Tullidas, privada alguna de uno de sus miembros, todas aparentan tener un rostro idéntico: es la faz de su creador... Son las protagonistas de El otro yo, la primera exposición de Jorge Gil (Jaca, 1981) en la sala vallisoletana.

Bajo sus inquietantes máscaras, esas criaturas esconden una identidad propia, singular, que el artista oculta deliberadamente. Mientras, los focos proyectan sobre las paredes de la galería sus sombras, componiendo ante los ojos del espectador unas siluetas agrandadas; un espectador que también ve su propia silueta sombría sobre la pared blanca de la sala, haciéndose una más dentro del conjunto, entrando a formar parte así del discurso identitario.

Detalle de una de las figuras de GilLostau

Lleva el oscense casi una década explorando los mecanismos con los que construimos nuestra identidad, como individuos y como sociedad, con propuestas como La otra piel o Los impostores, en la que abordaba dos anhelos aparentemente contrarios pero indisociables: por un lado, el deseo de ser originales y auténticos para alcanzar la distinción en el colectivo; por otro, la constante asunción ciega de pensamientos adoctrinadores que nos homogeneizan desde un punto de vista intelectual.

Con El otro yo, propuesta teatral que remite en lo formal a las vírgenes de vestir –en sus armazones y en la atención exclusiva que pone el artista a las caras, manos y pies, realizadas a partir de moldes extraídos de personas cercanas al creador–, Jorge Gil quiere plantear una reflexión «sobre todos esos yoes que tenemos dentro, que forman parte de nuestra identidad, que tienen que ver con los instintos, por ejemplo, pero que quedan bloqueados por la razón», explica el autor en declaraciones a este diario. Al contrario de lo que ocurría con las citadas imágenes religiosas, siempre cubiertas con ricos paños y orfebrería, el artista aragonés muestra lo que habitualmente no se ve y oculta lo que suele permanecer visible.

Doctor en bellas artes por la Universidad de Salamanca con la tesis doctoral El muñeco en el arte de los siglos XX y XXI. Relaciones e implicaciones entre el muñeco y el artista, Jorge Gil ensambla sus figuras con trozos de madera de distintas procedencias. «Son fragmentos reciclados. Es interesante hablar de lo que se entiende como pensamiento importado. ¿Cuánto de nosotros, de nuestra identidad, de lo que somos, de lo que pensamos, de lo que nos gusta, nos viene condicionado? Es una realidad. Si nos parásemos a pensar con frialdad veríamos que esto o aquello que hacemos ya lo hacían nuestros padres o abuelos; que hay una serie de cosas que veíamos como nuestras y que en realidad son imposiciones subconscientes. ¿Cuánto de nosotros es realmente nuestro? ¿Somos, acaso, una suma de retales de otras personas? De eso trata El otro yo», apunta el creador.

Figuras a modo de vírgenes de vestir, en una campana de cristalLostau

Al cubrir a sus personajes –en las distintas escalas que despliega en la Galería Javier Silva– con máscaras de su propio rostro, Jorge Gil brinda al espectador otra capa de lectura: la del demiurgo que moldea el mundo que le rodea a su imagen y semejanza, la del gurú contemporáneo que impone su visión a cuantos le circundan.

Diorama teatral del artista oscense.Lostau

Y, como haciendo suya la máxima shakesperiana –si el mundo entero es un gran escenario, ‘un hombre puede representar muchos papeles’–, Jorge Gil prolonga el eco de su discurso jugando con las escalas, creando un delicado teatro en el que se ve a sus criaturas frente a frente, cada una sugiriendo al espectador una dimensión determinada, o situando a cada individuo en campanas de cristal, como santos en hornacinas para venerar.

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Dibujos al gouache de Jorge GilLostau

El otro yo permanecerá en la Galería Javier Silva gasta el próximo 24 de diciembre.