Querejeta personifica la crueldad con su ‘Ricardo III’

El actor da vida a uno de los mayores villanos salidos de la pluma de William Shakespeare

Arturo Querejeta durante una escena de Ricardo III que este fin de semana llega al teatro Calderón.-CHICHO

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Ana de la Fuente

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‘Mi reino por un caballo’ es una de las frases más célebres de la historia del teatro. La pronunció Ricardo III, uno de los reyes más tiranos y despóticos de todos los tiempos. Un hombre «sin moral, tullido, deforme, capaz de urdir todo tipo de mentiras, venganzas, traiciones y asesinatos con el único propósito de lograr y perpetuarse en el poder». Así lo define el actor Arturo Querejeta que este fin de semana se sube a las tablas del teatro Calderón para encarnar a este villano salido de la pluma de Shakespeare. En él, el universal escritor sintetiza toda suerte de maldades y perversiones.

Ricardo III llega este fin de semana al teatro Calderón (sábado a las 20,30 horas y domingo a las 19,30 horas) en una versión de Yolanda Pallín, bajo la dirección de Eduardo Vasco y producida por la compañía Noviembre Teatro.

Es la quinta obra del bardo inglés que sube a escena esta compañía tras Hamlet, Noche de Reyes, Otelo y El mercader de Venecia.

Una pieza que sigue la estela de todos los montajes anteriores: respetar el texto clásico pero con un lenguaje más contemporáneo. «Pallín ha despojado el texto de toda la retórica que pueda confundir al espectador y de referencias de la época que ahora serían ininteligibles. La obra va directamente a la acción pero sin perder el privilegio de la palabra de Shakespeare», apostilla Querejeta.

También para él es el quinto personaje de Shakespeare que interpreta y, sin duda, «es el más abyecto, despreciable y horrible de todos por la capacidad de maldad que tiene. Es un prototipo de la ambición despiadada. Malformado y tullido, asume la deformidad física como una deformidad amoral», dice.

Ricardo III le ha dado la oportunidad de sentir «el poder absoluto» y la «fuerza» que entraña el mal. «Le importa tan poco el género humano que llega a divertirse con sus propia tropelías. En ocasiones, es tal el cinismo, la ironía y la capacidad de seducción que, en determinados pasajes de la obra, el espectador se ríe. Una risa que acabará congelándose en la boca».

Querejeta es consciente de que este texto «es un lujo» pero también una responsabilidad. «Estar a la altura que marca Shakespeare no es fácil».

Ya se sabe, recuerda el actor, que los clásicos lo son «porque tratan los comportamientos y los claroscuros de la condición humana y responden a las preguntas fundamentales que el hombre se hace desde que el mundo es mundo».

El amor, la muerte, el poder o la ambición «todos esos ríos que nos conducen a lo largo de nuestra vida y que son el alma de los textos clásicos» se dan cita también en este montaje de 95 minutos de duración que profundiza en la falta de escrúpulos y la ambición ciega.

Una ambición por el poder que 400 años después de que fuera escrita la obra, «sigue siendo una constante en la actualidad». Así, el montaje, destaca Querejeta, «nos hace preguntarnos por la corresponsabilidad que tenemos los ciudadanos ante un mal gobierno. La obra nos plantea interrogantes sobre si nos gobiernan los más justos, los más honrados o los mejores».

Así, «salvando las distancias» el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump le recuerda a su personaje. «En Trump también hay algo de esperpéntico, exagerado y grotesco, más propio de un personaje de ópera bufa o de un teatro de guiñol pero que puede llegar a dar mucho miedo».

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Y aunque confiesa sentirse «encantado» con este personaje, reconoce que su papel como padre Argimiro en la serie televisiva Amar es para siempre es un «bálsamo para tanta maldad».