Doscientos comercios echan el cierre
Valladolid y León acaparan el 40% de los comerciantes que echan el cierre / Castilla y León pierde un 2,4% de autónomos del sector en un año y es la tercera autonomía que más disminuye detrás de País Vasco y Asturias
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Año tras año, si se pasea por las calles de cualquier municipio castellano y leonés, se puede ver como los establecimientos comerciales de proximidad, los de toda la vida, han ido echando el cierre. En 2019, respecto a 2018, 1.056 personas se dieron de baja en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), pasando de tener en diciembre de 2018, 43.121 altas a 40.065 en noviembre de 2019, último mes de los que existen datos. Esto supone la clausura de sus negocios y un perjuicio a la vida de cualquier barrio, pueblo o ciudad.
Además, si se comparan los datos del último año con los del inicio de la década -en 2010- la cifra de personas dadas de alta era de 45.347. El balance entre ambos años deja 3.282 comerciantes menos, según datos del Ministerio de Empleo sobre Afiliación y alta de Trabajadores en el último día del mes.
Estas cifras ubican a Castilla y León como la tercera autonomía de España con un mayor porcentaje destrucción de profesionales autónomos vinculados al comercio, tanto en la comparativa interanual entre 2019 y 2018 -que fue del 2,4% menos, frente al 1,3% menos de la media estatal- como en toda la década de los ‘10 de este presente siglo -que fue del -7,2% de bajas frente al -0,3% del promedio de todas las autonomías.
Por delante de Castilla y León, entre 2019 y 2018, el porcentaje de bajada de autónomos del comercio solo fue superado por País Vasco, con una caída del 3,1% lo que supuso 1.285 menos, y Asturias, con una bajada del 2,8%, lo que se tradujo en 469 comerciantes menos.
Si se compara de forma interautonómica los datos de la última década, entre 2010 y 2019, la clasificación se mantiene. País Vasco tiene la variación más alta del Estado, con un 9,5% y Asturias la segunda, con una bajada del 7,4%.
A nivel provincial ninguna de Castilla y León se salva de esta caída generalizada. Palencia es la más afectada de la Comunidad por las bajas de comerciantes en el RETA. Si se compara entre 2019 y 2018 es la segunda provincia de España que mayor variación negativa presenta, con un 3,5% menos de afiliados -38 menos-, lo que supone pasar de 5.908 en 2018 a 5.727 en 2019. Burgos es la segunda de la Comunidad y quinta de España, con un 3,1% menos -182-, lo que supone pasar de 5.908 afiliados en 2018 a 5.727 en 2019.
En toda la década, Palencia perdió el 14,1% de sus autónomos del comercio, pasando de 3.138 en 2010 a 2.697 en 2019, lo que supone 441 comerciantes menos. Esta variación hace de esta provincia liderar la clasificación estatal. Por su parte, Burgos repite como segunda provincia más castigada, con un 9,3% menos, pasando de 6.312 afiliados en 2010 a 5.727, 585 menos.
En cantidad, las provincias que más perdieron son Valladolid, con 210 menos, lo que supone un -2,4% menos, -pasa en 2018 de 8.822 a 8.613 en 2019-; y León, con 202 menos -pasa en 2018 de 8.213 a 8.012 en el año 2019.
Entre 2010 y 2019, la mayor caída en Castilla y León se registra en Valladolid, con 825 menos, pasando de 9.438 afiliados del sector comercio en 2010 a 8.613 en 2019. La segunda provincia con más bajas entre 2010 y 2019 fue Burgos, con 585 afiliados menos.
Hay que reseñar que pese a que la caída absoluta más alta se registró en Valladolid, en ambas comparativas, ya que es la provincia que más autónomos del comercio tiene de toda Castilla y León.
Precisamente, la pérdida de comercios en provincias con menos población y con una mayor extensión del medio rural es más perjudicial que en otras con mayor población y por tanto, con más establecimientos.
CASTIGO AL MEDIO RURAL
En esta línea, Eduardo Abad, presidente de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), señala que «en términos generales ha descendido el número de autónomos en el 2019 por encima de los mil establecimientos». «Además», indica Abad, «tiene una incidencia desigual en las provincias. Las más castigadas son las menos urbanizadas, las más rurales. En ese sentido, nada tiene que ver cuando desaparece un trabajador autónomo en la provincia de Soria -que perdió el 6% entre 2010 y 2019- que cuando pasa en la de Valladolid».
«Aquí estamos en una situación igual que la del resto del Estado, en la que el trabajo autónomo tiene que sufrir lo que llamamos una reconversión», manifiesta.
Abad sostiene que «necesitamos nutrir el tejido productivo de autónomos de más en calidad y en menos cantidad. Esto ha llevado a que, en sectores como el comercio, haya pasado lo que se conoce como la ‘burbuja emprendimiento’».
El presidente de UPTA afirma que los datos desvelan que «las políticas que se han desarrollado en el ámbitos estatal y en las comunidades autónomas «no han servido para poner en marcha un sistema de consolidación del trabajo autónomo».
«Lejos de esa consolidación», continúa, «lo que ha habido es una puerta de entrada, a una velocidad, y otra puerta de salida a la misma, en la que los autónomos entraban y salían prácticamente sin alcanzar los dos años de margen».
Para Abad, los índices de Castilla y León muestran que «el 84% de los negocios que se inician no pasan de los dos años de durabilidad. Por tanto, tenemos una tasa de consolidación del 16%. Son datos que nos hacen ver el vaso medio vacío desde un puntos de vista de la operatividad y viabilidad».
La caída de la afiliación al RETA sirve de indicador para UPTA de que «no solamente se ve una ralentización en el mundo del trabajo autónomo» sino de toda la economía. Este ‘frenazo’ causa «que los emprendedores sean más cautos en poner negocios». En el caso de Castilla y León «los indicios económicos, desgraciadamente, en los últimos dos años tienen datos de crecimiento negativo» incide.
El cierre del comercio tradicional es una ecuación con múltiples factores, no solo se ve influenciado por la ralentización de la economía, aunque buena parte de culpa tiene. Además, hay que incluir factores sociológicos y de transformación global de los hábitos de consumos, entre otras razones. Todos ellos están detrás, en muchos casos, de las pérdidas, tan acentuadas en los últimos años en estos establecimientos de proximidad.
El hecho es innegable, solo hay que dar un paseo por las calles, los carteles de ‘cierre por jubilación’ son cada vez más frecuentes. Para Jesús Herreras, presidente de la Federación de Comercio y Servicios de Valladolid y Provincia (Fecosva), es una realidad que «se ve de una manera visible» tras ver que la ciudad que cada vez hay más tiendas cerradas, por desgracia. Los datos son reflejo de lo que vemos cada día».
Para Herreras, la causa de la ‘bajada de persianas’ definitiva se debe a que no hay una sucesión generacional en el sector. «Nos vamos jubilando y no hay relevo, no es un sector que parece que sea atractivo para la juventud».
Además, otro causante es Internet. «Desde luego, es otro de los factores que influye más en unos sectores que en otros del comercio. Se está desviando gran parte de las compras a través de Internet aunque hay que recordar que gran parte compras se hace en tiendas físicas».
«Otro factor», añade Herreras, «más general y muy cierto es el envejecimiento de la población. La tasa vegetativa es negativa desde hace mucho tiempo. Lo único que podemos cubrir algo es con la inmigración gracias a los datos que se han dado en toda España».
Aunque el presidente de Fecosva, sí que ve el vaso medio lleno. «Nosotros creemos que habrá un estancamiento -en la bajada de afiliaciones-. No creo que será algo indefinido, así que se irá ralentizando porque el número de establecimientos se está concentrando en determinadas zonas y ejes comerciales, además de estar cambiando mucho».
Para revitalizar el comercio de proximidad, los factores a añadir son «retos es muy difíciles», traslada Herreras. «El hecho de que no sea atractivo el sector comercio para las nuevas generaciones» obliga a «hacerles ver que esto tiene dar la vuelta».
Para la presidenta de la Agrupación Vallisoletana de Comercio, María Balsa, una de las soluciones para revitalizar el comercio tradicional pasa por una labor de sensibilización de la importancia de la actividad y hacerles entender que, de echar el cierre, «van a perder la actividad de la ciudad» y las plataforma de venta ‘online’ van monopolizar las ventas».
Sin duda, los retos que tiene el comercio de ‘toda la vida’ son grandes pero también el consumidor tiene que poner de su parte con una mayor concienciación y educarse en los beneficios de los establecimientos de proximidad, que aportan vida a la ciudad y variedad de productos, entre otras cosas.