AUTÓNOMOS
Víctor Galindo, un joven autónomo de Valladolid: «No se puede partir de cero por las limitaciones para contratar»
Propietario de dos peluquerías y con varios trabajadores, lamenta los obstáculos con los que se encuentran los emprendedores

Víctor Galindo, Mercedes Ciria, Ángel Iglesias y Félix Ángel Dieste, autónomos de Castilla y León.
Peluquero de tercera generación por parte materna y de segunda por la paterna, el vallisoletano Víctor Galindo es uno de esos emprendedores que siguieron pronto los pasos de su familia. Ahora cuenta con dos peluquerías, una en la capital vallisoletana y otra en el centro comercial Río Shopping, y tiene a varios trabajadores contratados. De ahí que conozca bien los obstáculos con los que cuentan los trabajadores por cuenta propia y que pueda valorar posibles soluciones.
«Para un autónomo común, como soy yo, la situación es bastante delicada por los impuestos que hay ahora mismo hacia nosotros en todos los sentidos», señala Galindo. Apunta, además, que «no hay gente que pueda partir desde cero porque hay unas limitaciones a la hora de contratar y unas pautas que cada vez son peores. Y luego al final tienes que pagar un montón de cosas que hay veces en las que, sobre todo si estás empezando, no llegas a tener ni siquiera un sueldo mínimo para vivir».
Al igual que otros autónomos, Galindo también reconoce que otra de las grandes trabas es la burocracia, la cual se salva únicamente dejando esta parte del negocio en manos de terceros y con el gasto añadido que ello conlleva. «Es bastante complicado y sin una gestoría no podríamos hacer nada», reconoce, «porque tendríamos que aprender a hacer temas laborales, de contabilidad, de gestión de todos los sistemas online que hay, que además pienso que están atrasados y que no funcionan en muchas de las ocasiones».
Pese a lo anterior, este peluquero vallisoletano centra su análisis es las dificultades que esa carga fiscal y burocrática supone a la hora de crear empleo. «Si yo tengo un empleo que me cuesta X y me factura X más 1, pues me es rentable. Pero sobre todo al principio, si hubiese más facilidades a la hora de poder contratar, me va a dar más la tranquilidad de contar con el empleado unos meses y ver si encaja en el equipo y después, si no hay ningún problema, incorporarlo porque sé que me va a facturar para pagar todo».
«Algo así sería como ideal», continúa, aunque matiza que «todos sabemos que esos impuestos, esos seguros son necesarios». En todo caso, señala que sería un buen incentivo «una ayuda para facilitar la contratación al inicio. Tú te la juegas pagando todo al principio sin saber si te va a ser rentable o no. Tienes un negocio y sabes que si quieres crecer necesitas tener a tu lado gente para trabajar», concluye.
«Hay autónomos que alientan a sus hijos hacia el funcionariado»
Mercedes Ciria es economista y autónoma desde hace más de 20 años y lamenta que «estamos viendo cómo decae el número de autónomos y como cierran muchos negocios porque no existe relevo generacional». De hecho, «observamos que hay autónomos que alientan a sus hijos hacia el lado funcionarial».
Ciria, que también es desde hace dos años la presidenta de la Asociación Intersectorial de Autónomos de la provincia de Soria, señala que «los que seguimos en la brecha lo hacemos con mucho esfuerzo y con grandes cargas fiscales». Todo ello dejando claro que el país necesita autónomos «ya que aportamos el músculo empresarial y productivo para seguir generando impuestos» y que la rueda siga girando asegurando que «sin empresas no hay impuesto de beneficios, ni consumo que aporte IVA, ni salarios que permitan continuar con el ciclo económico».
No en vano, asegura, «la realidad a la que nos enfrentamos es una inflación persistente, obstinada y descontrolada que deriva de un incremento de los costes de materias primas y de los productos que ofrecemos a nuestros clientes en los diferentes establecimientos. A eso hemos de añadir el aumento de costes, debido a las subidas salariales por el Salario Mínimo Interprofesional, costes en seguridad social del autónomo y de los trabajadores por los aumentos de cotización».
Por otra parte, hace un llamamiento a las instituciones indicando que «no necesitamos ayudas de 2.000 euros que en realidad no nos solucionan nada mientras vemos que los políticos se rasgan las vestiduras al anunciarlas».
Mientras tanto, tiene claro que «los autónomos ahí seguiremos, porque el que es emprendedor no sabe trabajar de otra manera, a la vez que es importante concienciar a las personas que quieren emprender de que tengan el asesoramiento y la formación necesaria a la hora de poner un nuevo negocio en marcha con herramientas que pueden aportar, por ejemplo, entidades como la Cámara de Comercio, Foes o los propios compañeros del gremio».
Ciria, por otro lado, indica que, en su caso, no se imagina no siendo autónoma: «El que es emprendedor no sabe vivir de otra manera», explica, es algo que se lleva en la sangre: «Disfruto de lo que hago, vivo de mi actividad, de lo que me gusta y puedo adaptar el horario a mi trabajo. En este recorrido de años tengo ya mi cartera de clientes y me organizo para poder disfrutar, también, del tiempo de ocio».
«Queremos más ayuda y menos trabas, pero nada regalado»
Ángel Iglesias y su hermana tomaron hace tiempo la decisión de hacerse cargo de la librería de sus padres en Palencia para dar así continuidad al negocio familiar. Fue entonces cuando descubrieron un trabajo tan sacrificado como satisfactorio y que les ha obligado a reinventarse con notable éxito para vencer al enemigo más temido por los pequeños comerciantes: Internet.
«El libro al final aguantó, no ha sido como el CD», señala Ángel mientras ultima su caseta para la feria del libro de Palencia. Tras señalar también «la carga de impuestos», Iglesias se reconoce como un superviviente en su ciudad. «En la calle Mayor, que es la columna vertebrada del comercio, la mitad de los locales están vacíos», lamenta, y suma a la lista de obstáculos la burocracia. «Cualquier persona que intenta abrir algo parece que son todos trabas cuando yo pienso que se debía de facilitar», asegura.
En el mismo sentido, Ángel asegura que el problema está «en la administración y luego en los impuestos». «Cada vez nos sacuden más, pero nosotros somos de familia y estamos acostumbrados a luchar, a pasarlo bien y a pasarlo mal», apostilla resignado.
Como solución, este librero palentino ve dos opciones. Por un lado, «facilitar el tema burocrático» y que los ayuntamientos intervengan para reactivar todos esos locales que están cerrados y, por otro, que se atajen las cargas impositivas. «A principios de año, estoy convencido que nos subirán el IRPF o nos subirán otro impuesto», vaticina.
«Si no abren negocios es por el pánico que tienen al coger un empleado y al tema de impuestos. Tienen que colaborar con nosotros primero las administraciones», reclama Iglesias, al tiempo que apunta que no pretende tener «nada regalado», pero sí «más ayuda y menos trabas». «Yo sé que Palencia es una capital que no es muy grande», reconoce, pero asegura que «hay gente emprendedora, porque está acostumbrada». «Hemos sido así», asevera.
Como ejemplo de este sacrificio está el suyo propio. «Abrimos sábados por la tarde, cuando podemos. Pero si no hay siempre va en carga del dueño, o sea, del autónomo. Porque al final, todo lo que haces de más, lo pierdes de tus vacaciones. Yo este año todavía no he cogido vacaciones, porque se me acumulan los libros de texto. Me iré en noviembre cuando pueda», confía.
«Hay que cuidar al autónomo para que pueda dar vida al país»
Sabía dónde se metía y no se arrepiente de ello, aunque reconoce que «hay días de flaqueza». Nada evita, sin embargo, que Félix Ángel Dieste levante la persiana con la ilusión intacta. Tanto él como Begoña -su mujer a la par que socia- se enorgullecen del «logro personal» que entraña haber situado su negocio, la Heladería Bombonería El Cid Delicatessen, como enclave de referencia de la respostería en Burgos.
La realidad del autónomo, al menos la de Dieste y otros miles en España, no es tan bonita como la pintan. «Está la jornada de ocho horas, que es la que ve la gente, pero trabajamos 24 horas siete días a la semana», apostilla este joven empresario burgalés antes de precisar que, más allá de la atención cara al público, sus jornadas se centran en «realizar elaboraciones, tratar con proveedores, hacer pagos…». Multitud de tareas, sin duda, a las que se suman innumerables gestiones -a veces desencuentros- con las administraciones públicas.
Hace poco más de un mes, la pareja abrió un nuevo local, también bajo el nombre de El Cid, en la Plaza Mayor de la capital burgalesa. «Abrir otra tienda no significa que el negocio vaya bien, significa que quieres que el negocio vaya bien», apostilla con la esperanza de poder «delegar en otras personas» el servicio cara al público para centrarse al cien por cien en su pasión: la «elaboración de productos de la más alta calidad». Mientras tanto, la pareja se reparte el trabajo entre los dos negocios.
Convencido de que «los frutos se ven a lo largo del tiempo» y con el firme objetivo de poder contratar personal «haciendo las cosas bien y cumpliendo las leyes» el día de mañana, Dieste tiene meridianamente claro que «hay que cuidar al autónomo para que pueda crecer y dar vida al país». Que su trabajo, donde las vacaciones son prácticamente una quimera, no se reduzca a observar cómo «al final del trimestre el esfuerzo solo ha valido para pagar».
Ya desde un plano estrictamente ligado a su sector, Begoña rompe una lanza a favor de quienes realmente representan a su gremio. Y lo hace de forma tajante, sin medias tintas, al subrayar que «es muy difícil ser autónomo y artesano porque ahora mismo hay una competencia muy grande de gente que se hace llamar artesana cuando ofrecen productos semielaborados que nada tienen que ver». Dicho esto, nada más que añadir.