Diario de Valladolid

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El alcalde de Soria por la gracia de Carlos Martínez compareció ayer por primera vez ante los medios de comunicación. El también senador Javier Antón asumió la Alcaldía a finales del mes de abril y para ello tuvieron que renunciar a la candidatura 11 concejales que estaban primero que él en la lista para sustituir a Carlos Martínez, que dimitió de concejal y de alcalde para marcharse a Valladolid a liderar la oposición en las Cortes. Fue un proceso llamativo y complejo para que la persona designada por Martínez (o por los órganos del Partido Socialista en Soria y la democracia interna, si prefieren ustedes la versión oficial) fuera el nuevo alcalde. Habría que ver si entonces le estaba haciendo un favor o lo contrario. El que le haya costado dos meses dar su primera rueda de prensa como primer edil no tiene una interpretación clara, pero quizá sorprende más que haya esperado diez días desde que la Guardia Civil registrara el Ayuntamiento y detuviera a una concejala y a seis personas más. Esa intervención parece inclinar la balanza al lado contrario del favor a la hora de elegir alcalde a Antón, que se come un escándalo en toda regla por unos hechos que mientras se producían él estaba tan tranquilo y totalmente ajeno en el Senado. ¿Habrá deteriorado la operación Fuentona de la Guardia Civil la relación entre los dos políticos sorianos? No hay constancia, pero si se analizan sus discursos se puede justificar alguna duda. Cuando Martínez se defendió ante los medios de comunicación del chivatazo, del aviso que le dieron supuestamente antes de que se iniciara el registro en el Ayuntamiento, dijo que, si se hubiera producido, él podía pregonarlo porque no tenía ninguna obligación de guardar secreto, para añadir, sin que nadie le preguntara, que ignoraba si el alcalde de Soria estaba aviado de la intervención policial o no. La obligación del secreto, sin duda, era del alcalde, que bajo esa condición fue avisado el día antes por el juzgado. Poco favor por parte de Martínez a Antón con esas palabras, máxime si se tiene en cuenta que lo del chivatazo se desveló por unas declaraciones de Martínez suyas a El País, después ‘remasterizadas’ y matizadas, pero que sirvieron para que el TSJCyL reconociera la existencia de un aviso oficial previo por parte del juzgado. No es descabellado ver cierta mala baba en las palabras de Martínez. Como tampoco lo es observarla en las de ayer de Antón, que cuando los periodistas le preguntaron por la información que el PP había pedido hace mucho tiempo sobre la empresa involucrada en la operación Fuentona, y que no recibió, el alcalde dijo: “que la vuelva a pedir, transparencia”. Se puede interpretar como un que pidan ahora la información que va a haber transparencia por fin y no lo que pasaba con el anterior alcalde. Son indicios y queda mucha operación Fuentona, que como saben hace referencia al monumento natural soriano en el que mana agua de un laberinto de galerías subterráneas cuyo inicio todavía no se ha logrado explorar.

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