Diario de Valladolid

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MIENTRAS MEDIA España platica, la otra media fornica. O debería, aunque solo sea por el censo. La otra media habla y habla sin parar de las cosas de la vida que en estos días vienen a coincidir unos, otros y los demás en los temas de conversación. Que si Vox sube que se mata, que si el PSOE va camino del abismo, que si el PP sortea como puede una victoria anunciada y que la izquierda nacional y sus colegas de la secesión ahí andan atentos al Rufián, que nos ha salido por peteneras de líder de la España encarnada. Un sinvivir. Vale madre, no sigo por aquí. Ni cruzo la linde. “La política para los políticos”. Tendrá que ser así. Pero, como para dejarlos solos. Vale, se acabó. Para esta plática prefiero la otra.

¡Ay! Don Antonio tenía que ver qué España encuentra el españolito que viene al mundo por estos lares. Aquí, en la península con cuentagotas los bautismos y a la baja los nacimientos. Está el patio que como para pisar lo ‘mojao’. Y lo ‘fregao’. Don Antonio, estamos con el agua al cuello. Literal. Los ríos se desbordan, las presas rebosan, amenazan y hasta los molinos se paran porque hace mucho viento. Y los pájaros cantan. Los que quedan, que cada año se descuelgan unos cuantos de la lista de San Antonio bendito. Qué país. España curiosa. Tan difícil a veces de entender. Aquí el personal gasta y gasta, llena bares y restaurantes y elige hoteles en las mil y una plataformas para irse de finde cada semana. Hasta la Virgen de la Cueva está asustada -y no porque se la haya ido de las manos en lo de la pertinaz lluvia, que también- alucina porque a pesar de los chaparrones nadie deja de salir a gastar y a divertirse. Derrochones en el sentido de la palabra derroche. Menos los que padecen las trágicas consecuencias. Menos mal que el manto blanco de la nieve peina las cumbres de esta Comunidad de alturas. Ya vendrá el deshielo y otro gallo cantará. Nos espera una primavera de batracios en las charcas y humedales. El canto de la rana. Croar de vida. Música de charca y alimento de cigüeñas a las que, por cierto, San Blas ha echado de menos en su día. Me viene a la memoria el Chaporro, el cazador de ranas del valle de Vidriales. El bueno de Guillermo, que siempre andaba tiros con la benemérita por unas docenas de ancas de rana. ¡Pero si se las come el presidente de la Junta! Se defendía. Pues nada, multa al canto. Qué tiempos aquellos de antes de que Fabián y Paula nos abrieran la puerta de la acuicultura (bendita y sostenible solución) en Carbellino de Sayago. Pues eso, que donde esté una charca en medio del campo con sus ranas croando la vida sigue entre los que platican y los que fornican. ¿Y a qué viene lo de la rana, hijo? Pues que me acordé de las ancas a la bañezana, madre. Qué ricas.

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